El mercado callejero que se ha formado hace casi dos décadas en las cuatro avenidas que confluyen en la rotonda del Plan Tres Mil se va extendiendo sin límites y se ha convertido en una bomba de tiempo que amenaza a la salud de las personas y al medioambiente.

Caminar por los estrechos y oscuros pasillos esquivando las canaletas que llevan aguas servidas, pasar al lado de gente que está cocinando y ver personas comiendo en medio de tanta inmundicia forma un paisaje sobrecogedor al que se le agregan los malos olores.

Los que sufren cada día al ver estas escenas son los vecinos de los barrios Zona Central, 12 de Diciembre, Simón Bolívar y Toro Toro, que esperan que los gremiales agilicen la entrega del mercado situado en inmediaciones del cañaveral de San Aurelio, que se está deteriorando sin uso debido a un pleito judicial que lleva tres años entre el Gobierno y los dirigentes.

Suciedad por doquier
Por la avenida El Mechero, a tres cuadras del obelisco que desde hace tres años adorna el pequeño espacio público más conocido como ‘la rotonda’, la doble vía deja de serlo porque el carril norte fue tomado por los comerciantes que, además de usar las veredas de las viviendas, han construido puestos en dos, tres y cuatro hileras donde ofrecen toda clase de mercaderías desde frutas, verduras, abarrotes, carne y comida, hasta servicios como peluquería y tatuajes.

Por las dos calles que nacen en el barrio Zona Central los gremiales han construido pequeños canales por donde botan el agua sucia utilizada en la elaboración de los alimentos hasta la que se usa en los baños públicos, por lo que el ambiente huele a orina y heces fecales.

Precisamente en este sector hay un comedor donde varios puestos apenas son separados con venesta de la avenida que alguna vez tuvo pavimento, la cual está llena de baches en un trayecto de 200 metros donde se acumula el agua pestilente y los micros que pasan a gran velocidad la salpican.

En frente de este comedor, sobre la acera, hay una decena de vendedoras de pescado crudo que está expuesto durante largas horas ante el intenso sol y al agua sucia.

Para completar el triste espectáculo, en la esquina de las avenidas El Mechero y La Campana se han establecido puestos de venta de carne de res, de cerdo y de pollo donde los comerciantes no colocan ni siquiera tules, peor aún otra clase de protectores para que los productos no sean contaminados con las bacterias que arrastra el viento desde los montones de basura que se halla desparramada a pocos metros o en los contenedores vecinos.

Para la especialista en salubridad Gloria Bacherer, la carne expuesta a la intemperie, y peor junto a agua contaminada, corre el riesgo de acumular bacterias ocasionando diarreas en el consumidor. Lo mismo sucede con el pollo que contiene la bacteria salmonella.

Por ello, Bacherer recomienda evitar los comedores improvisados en calles y mercados, y sugiere a la Alcaldía que haga cumplir las normas higiénicas.

En La Campana
La segunda vía de la avenida La Campana tiene ocupados unos 150 metros con pequeños puestos de no más de 1,5 metros de ancho, separados por pasillos de un metro por donde los compradores hacen malabares para pasar con bolsones.

De igual forma, estos puestos sobre la vía provocan trancaderas por las paradas arbitrarias de micros y minibuses.

Hospital perjudicado
La puerta del hospital Virgen Milagrosa de la Fundación Hombres Nuevos casi no se aprecia por las casetas que ofrecen teléfonos celulares las cuales obstruyen el paso de las ambulancias que llegan con pacientes de emergencia.

En el camellón de enfrente los mercaderes se posicionaron colocando alambre para no ser molestados. A pocos metros, pasando las oficinas policiales, se desarrolla la feria de ropa usada, la cual está avanzando hacia la avenida Paurito.

Origen del desorden
El ex dirigente gremial y uno de los pocos que aún quedan en el mercado Copacabana, Rolando Gutiérrez, recordó que los mercaderes asentados en la zona provienen de ese centro de abastecimiento, el que está situado a cinco cuadras. Los comerciantes se salieron con la excusa de que las calles de ingreso no eran pavimentadas ni pasaban líneas de micros.

“En la gestión edilicia de Johnny Fernández se permitió este asentamiento que ahora nos perjudica porque la Alcaldía no puede completar la doble vía y el canal de drenaje”, refirió la vecina Victoria Veizaga, que lleva varios años buscando que la comuna los saque.
A su turno, el concejal de UCS y dirigente gremial, Jesús Cahuana, dijo que en las siguientes sesiones estudiará la situación de este mercado y su problema de salubridad