Opinión

Santa Cruz y una alternativa política

El Deber Hace 3/4/2018 8:00:00 AM

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Los próximos veinte meses serán de intensa batalla política en Bolivia. En este periodo se volverá a definir la composición del poder. Ya estamos en plena confrontación, a pesar de no haberse levantado la bandera para las actividades proselitistas. Un año y medio parece mucho, pero puede resultar insuficiente para posicionar una oferta electoral. Todo lo que vivimos las últimas semanas en las calles es nada más que la anticipada disputa del poder.

Por un lado tenemos al partido de Gobierno que busca continuar, convencido de que solo la candidatura de Evo Morales puede garantizar otro mandato del MAS. El presidente con más años que todos sus antecesores en Palacio no generó hasta ahora en su propio proyecto político un nuevo liderazgo que garantice otra victoria en 2019. En consecuencia, se ha visto obligado a abandonar el “apego abstracto a la norma” para intentar seguir. Para lograrlo, el MAS se apoya en el mito que ha creado con la figura de Morales, que, respecto a años anteriores, está ahora muy desportillada, pero que recibiría probablemente el apoyo de un 30 por ciento del electorado.

En el otro lado de la disputa por el poder están los opositores tradicionales, que no han logrado consolidar en este tiempo un liderazgo único capaz de concentrar el 30 o el 35 por ciento del respaldo de los electores que jamás votarán por Evo. La nueva oposición, que no quiere nada con Morales ni con sus adversarios, es la que busca una alternativa política y es la que se ha manifestado sobre todo en las plataformas ciudadanas que se movilizan principalmente en Santa Cruz y en las ciudades del eje troncal. Representan nada menos que a otro 30 por ciento de los que votarán en 2019. Muchos son jóvenes e irán a las urnas tal vez por primera vez.

Esta nueva oposición tiene su núcleo en Santa Cruz y se ha irradiado a nivel nacional, principalmente en los barrios de La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Tarija y Trinidad. Esta oposición no tiene partido, recursos ni líderes definidos, pero posee valores e ideas en las que cree.
Ella rechaza todo lo que sea caudillismo. También odia el abuso de autoridad, el centralismo, la demagogia y la falta de compromiso con las normas y las instituciones. Esta es la generación de la libertad y de la transparencia. La que defiende los derechos y la igualdad de oportunidades. Es la que aspira a una Bolivia nueva, moderna, globalizada, competitiva, productiva y probablemente federal.

Todo lo otro le parece viejo, agotado y corrupto. Esta nueva oposición, nacida básicamente en Santa Cruz, contagia su mística y su coraje a un territorio y a una ciudadanía que demanda una nueva política. Su reto ahora es pasar del entusiasmo colectivo a un proyecto estructurado y decidido a la toma del poder.