Opinión

Cuando lo blanco es negro

El Deber Hace 3/27/2018 8:00:00 AM

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El dictador Maduro manifestó, a propósito de los problemas políticos de España, que le “indigna que persigan a la gente solo por sus ideas”. La aseveración sintetiza de manera impecable la lógica del poder de los regímenes populistas contemporáneos. En ellos se ha desarrollado una semiótica inversa, si dicen negro están en realidad pensando en el blanco, si dicen bueno están pensando en lo malo, si dicen libertad están pensando en dictadura, de manera que cuando el sanguinario dictador venezolano declara que le indigna que el poder reprima la libertad de pensamiento y el derecho a disentir, solo trata de encubrir las centenas de venezolanos que murieron o están  presos por pensar diferente. 
La facilidad con que revierten los significados y alteran los significantes funciona en progresión geométrica; hay un punto en que la negación de la realidad es tan aguda que claramente se percibe que perdieron toda posibilidad de leerla, viven en un mundo ficticio donde ellos son la representación de todo el poder terrenal y divino; se fungen irreemplazables.

La necesidad de invertir los significados es además proporcional a sus transgresiones, cuanto más transgreden las normas democráticas, cuanto más déspotas se transforman, más necesidad de invertir la verdad requieren, de manera que, como se trata de regímenes que transformaron el poder en una orgía, casi todo requiere de una  alteración de significado, de pronto el ciudadano percibe con meridiana claridad que está frente a gobiernos mentirosos y que la mentira se ha hecho política de Estado. Los poderosos dirán que todo eso es una mentira.

Así, y de forma casi imperceptible, la secuencia se extiende prácticamente a todo, se declaran paladines de la democracia cuando son terribles dictadores; se conciben a sí mismos como defensores inclaudicables de la libertad, pero hacen absolutamente todo para limitarla; defienden a rajatabla la libertad de expresión, pero combaten de forma lícita o ilícita los medios independientes; se erigen como los símbolos del antirracismo, pero en realidad lo practican oficialmente y a diario. Podría decirse que la lógica del populismo tardío que asuela la América Latina se fundamenta una semiótica inversa nunca antes tan bien elaborada.