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El Premio Gabriel García Márquez es el más importante del periodismo en español. Lo entrega la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Javier Sinay publicó la crónica Rápido, furioso, muerto en la edición de octubre de 2014 de la revista Rolling Stone y con ella resultó el ganador este año. Sinay aborda un hecho que involucra el robo de motos en la ciudad de La Plata y el uso de armas de fuego por parte de policías bajo pretexto de “legítima defensa”, que tuvo como víctima al adolescente Axel Lucero. Sinay habló vía Skype con EL?DEBER sobre este y otros temas.

_¿Cómo es que llega el caso Axel Lucero a tus manos y cómo suscita el interés en vos?

Me enteré de este caso por una denuncia de una defensoría oficial de menores de la provincia de Buenos Aires, que decía que había seis homicidios de chicos ladrones a manos de policías de civil que habían usado su arma reglamentaria durante su día de franco o fuera de servicio.

En esta denuncia la Defensoría pedía que se investiguen esos casos y planteaba la sospecha de que algunos de ellos habían sido emboscadas para matar a esos chicos que eran problemáticos para las comisarías de los barrios de La Plata, una ciudad con una periferia grande. La denuncia de la defensoría era de seis casos en un año y luego encontramos que había cinco más. Primero hicimos un trabajo de reportería de dos o tres meses para elegir un solo caso que fuera representativo de todos.

Elegimos el de Lucero porque queríamos dar la discusión sobre el tema del uso de armas reglamentarias del policía fuera de servicio, pero el caso de Lucero también nos planteaba la discusión sobre el circuito clandestino de motos robadas -las motos en los barrios periféricos de Argentina están en auge ahora-, y aparte de esas dos cuestiones, a nivel humano el caso Lucero era interesante porque era un chico de la clase trabajadora, su padre era mecánico, no vivía en un barrio demasiado pobre o peligroso, sino en un barrio de clase baja pero trabajadora, y él digamos que hizo el camino hacia el delito y hacia otros barrios cuando empezó a tener malas compañías, queríamos contar esa historia también, porque creemos muchas veces que la tragedia de una sola persona es mucho más fuerte y significativa a la hora de narrarla que contar una tragedia sin rostro de un grupo de personas de las que finalmente nunca podés profundizar. Elegimos ese caso y luego fueron cinco meses de trabajo sobre esa historia.

_¿Vos creés que es la violencia la línea que atraviesa tu trabajo periodístico?
Sí, me interesa mucho, porque con la violencia uno ve al ser humano en su límite. Es especialmente en los casos policiales y judiciales donde se puede hacer una radiografía de nuestra sociedad y ver dónde falla, y ver también qué hacemos con ella y con la violencia reprimida. La violencia existe, es un comportamiento humano, pero para vivir en sociedad necesitamos reprimirla, aunque todo el tiempo se escapa por diferentes agujeritos que terminan siendo un homicidio, una pelea de vecinos o lo que sea. Me parece que a través de este tipo de casos uno puede observar grandes historias humanas, terribles por lo general, y observar también el mecanismo de nuestra sociedad.

_Dentro de este tipo de trabajos que hacés a veces es fácil caer en el morbo ¿Cómo hay que manejar eso para no caer en el sensacionalismo?
Para mí el secreto para no caer en eso es volver complejo todo. Por lo general el amarillismo peca de simpleza y de espectacularidad, de un foco puesto mucho en los momentos graves de una historia y solo eso. Por ejemplo, en la nota de Axel Lucero, cuando se habla con el policía que lo mató, con la mamá de Lucero, con sus amigos, con la fiscal que decidió absolver al policía, pero también con el abogado defensor de menores que elevó la denuncia, se va componiendo un rompecabezas con muchas piezas, muchas veces contradictorias entre sí, y ahí es donde me parece que puede surgir una reflexión mayor al mero momento en que se da la violencia, que en este caso sería el momento en que el policía le pegó los cuatro tiros a Lucero.

Creo que cuando uno hace más complejo todo empieza a dar una discusión sobre los comportamientos humanos y sobre el funcionamiento de la sociedad, y se puede sentir tranquilo de narrar con crudeza el momento del crimen, porque sabe que lo tiene equilibrado también con una discusión mayor.

Hace unos años se habló de un boom de la crónica en Latinoamérica, y parece que sigue creciendo, incluso acaban de darle el Premio Nobel de Literatura a la periodista Svetlana Alexiévich ¿Vos lo percibís así?
Creo que lo del nobel lo confirma. A mí me sorprendió muchísimo y me alegró también, porque soy un lector voraz de no ficción, casi no leo ficción. Sin embargo, la crónica como género tiene un camino larguísimo de más de 100 años en nuestra región, y creo que su nuevo auge empezó a principios del 2000.

Ahora es como que llegó a un momento de consolidación que tiene otros desafíos, que son, por ejemplo, los experimentos formales, de estilo o de incluso meterse con temas no clásicos, es decir, la de Axel Lucero es una crónica clásica en el sentido de que habla de pobreza, de policía de seguridad pública, pero también la crónica de Sabina Duque, que competía y fue finalista, era sobre el ingeniero de sonido portugués Vasco Pimentel, una idea que escapa a los temas clásicos y demuestra que el tema es plural y está enriquecido en este momento. Así que diría que el último boom que hubo ya pasó, pero creo que el género no es que se ocultó, sino que en estos momentos está transitando por otros desafíos.

_En cuanto al periodismo narrativo en sí, ¿cuánto creés que lo ha afectado internet, en cuanto a temas o en su extensión?
Me parece que lo ha afectado de dos maneras: una es publicando textos en internet, por lo tanto reduciendo su extensión, esto a la vez viene de que internet erosionó el mercado de la prensa gráfica, cada vez tenemos menos medios; pero también la crónica escrita, el periodismo narrativo, encontró un refugio agrandándose en los libros, por ejemplo en Argentina tenemos muchísimos títulos por año de periodismo narrativo -o crónicas- en libros.

Entonces, por un lado es como que se hizo más dinámico con el internet y por otro se hizo más extenso y más profundo en los libros. El problema es de la prensa gráfica, que tiene una crisis económica y de modelo de negocios y, el periodismo narrativo al ser ‘vehiculizado’ por la prensa gráfica, sufre estas alteraciones