Escucha esta nota aquí

Hace años me enfrasqué en una discusión bizantina por establecer quién era el mejor ‘bolerista’ del momento, pero recuerdo que el debate, acalorado en un principio, bajó de intensidad cuando alguien propuso que se circunscribiera a los intérpretes de segunda categoría y que dejáramos fuera de concurso y en su podio, a Lucho Gatica, el rey del bolero.

La anécdota viene a cuento por una entrevista cuyo plato fuerte eran las elecciones primarias, con tres politólogos invitados, que de política pueden entender mucho, pero poco de soluciones. Se vio que cada ‘experto’ interpretaba a su gusto el escabroso tema elegido por la moderadora del programa. Uno de los politólogos haría el papel de defensor del oficialismo, otro defendería a la oposición y el tercero actuaría de árbitro, pero terminó ‘bombeando’ en contra del Gobierno actual.

Las opiniones de una y otra parte fueron tendenciosas y, en vez de esclarecer, contribuyeron a enrarecer el ambiente, cegados por sus pasiones políticas que, para ellos, es el bien mayor. El simpatizante de la oposición salió con la novedad de que las primarias eran un ‘bleff’, un tongo montado por los genios de la Corte Electoral. En su criterio, no habrá primarias porque, para que tal ocurra, haría falta más de un binomio, cosa imposible de concretar –agregamos nosotros- en partidos políticos verticalistas dominados por caudillos que no cederían su espacio por temor a ser desbancados. Y no me refiero a taxi partidos que han puesto sus siglas a disposición de terceros interesados, para reciclarse y para no quedarse fuera del esquema cuando toque el reparto de las cuotas de poder como en los viejos tiempos de ‘la democracia pactada’.

El entrevistado adverso, refutó al opositor y aclaró son un hecho y solo se realizarán entre los partidos de oposición, porque el binomio Evo-Álvaro, por estar clasificado, solo hará tiempo esperando las elecciones generales, después de que se eliminen entre los binomios surgidos de las primarias y que la cúpula del partido seleccione al ‘binomio de la unidad’, porque intentar derrotar al binomio oficialista, solos y divididos, será punto menos que una utopía, y quién sabe si el factor unidad que tanto invocan sea suficiente garantía de victoria. Faltando poco tiempo para que concluya la entrevista, la moderadora tuvo que cortarla, no tanto porque el tiempo en televisión es caro, sino por evitar que los entrevistados cayeran en un círculo vicioso sin salida, y dejó pendientes las conclusiones para una segunda oportunidad.