Escucha esta nota aquí

Sorpresa e incredulidad causó entre la población, por lo irónica, la propuesta de ley anunciada desde el Ejecutivo para sancionar la mentira, la misma que es una de sus principales herramientas de gestión. Ante semejante paradoja, queda el consuelo de saber que con la misma vara que miden, serán juzgados. “¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?” Ro 2:3.

A pesar de lo insólita que resulta, la iniciativa preocupa porque se prevé su inminente y expedita aprobación por parte de la subordinada Asamblea Plurinacional. El principal temor existente es que la medida se aplique de manera arbitraria, convirtiéndola de facto en censura para impedir el ejercicio del derecho a la libre expresión y con ello silenciar a todos aquellos que vayan contra los intereses de quienes hoy ejercen la gestión pública. Afortunadamente es muy posible que esta medida, cuya verdadera motivación se advierte perversa, no tenga el efecto deseado por sus proponentes por la sencilla razón que, tal como otras cosas en el país, llegó demasiado tarde. En efecto, en estos tiempos, es muy difícil desde el punto de vista técnico controlar totalmente los contenidos en las redes sociales.

Asimismo, si lo que pretenden es generar temor, con el fin de monopolizar la transmisión de información y, de una manera sesgada y sin contrapesos, manipular los hechos noticiosos; el intento resultará vano, puesto que actualmente el gobierno carece de toda credibilidad entre la ciudadanía. Especialmente luego de consumada la más grave y clara de sus mentiras, la promesa pública de respetar los resultados del referéndum del 21-F.

Los patrocinadores de esta ley están sintiendo en carne propia lo que dijo el presidente Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.” Por lo tanto, es probable que acaben como el personaje del cuento, a quien por tanto mentir, nadie creyó ni auxilió y terminó perdiendo sus más preciadas posesiones, que en el caso de este Gobierno no son ovejas, sino el poder absoluto y a perpetuidad que el pueblo mismo les quitará.