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Fernando Sejas puede teorizar sobre la seguridad. Como sociólogo sabe que es un problema que nace en la desigualdad social, propia de una ciudad en franco crecimiento, ostentosa, de una pérdida de valores, del debilitamiento de vínculos laborales fruto de la migración, estructura o vinculos familiares débiles, de la pobreza y de un sistema cultural que exige a jóvenes satisfacer sus necesidades a toda costa.

Pero por sobre todo, Fernando Sejas sabe lo que es tener una pistola apuntándole a la cabeza para robarle todo. Lo han asaltado cuatro veces en Santa Cruz y dos en La Paz. Siempre en zonas céntricas. Es por eso que se siente más seguro en el barrio San Isidro del Plan 3.000, donde dirige un centro cultural autosustentado.

Como él, la mitad de los habitantes de Santa Cruz de la Sierra ha sido víctima de algún delito durante su vida. Eso quedó de manifiesto en la encuesta que realizó Captura Consulting sobre seguridad ciudadana. “Creo que el índice es mayor. Cada vez que cuento una anécdota de alguno de mis asaltos, todos en la mesa comienzan a relatar los suyos”, dice el sociólogo.

En El Alto y Cochabamba están peor. El 59% de los alteños y el 52% de los cochabambinos fue víctima alguna vez, pero en Santa Cruz la sensación de inseguridad es mayor. Nueve de cada diez cruceños cree que la delincuencia empeora. Eso es 17% puntos más que El Alto.
Pese a que un 92% de la población del eje central del país considera la labor de la Policía como mala o regular, ocho de cada diez personas consultadas piensa que es esta institución la que debería luchar contra la delincuencia.

Hay algo que, sin embargo, no cuadra. Cuando la encuesta pregunta sobre las razones de la proliferación de la delincuencia, la falta de vigilancia policial queda en el cuarto lugar, detrás de la falta de trabajo, de valores y educación en el hogar y del consumo de drogas.

Enfermedad crónica
Para Guillermo Dávalos, director de la Fundación Sepa, las cifras no son sorprendentes. Ni siquiera la actitud de la población hacia la Policía. Recuerda que un estudio del PNUD de 2006 reveló que la población percibía el trabajo de la Policía como malo por culpa de la corrupción.

Cuando la misma encuesta se les aplicó a los uniformados, los resultados fueron los mismos. “Fue la confesión de los males de la Policía”, dice. Pese a esta percepción, esta institución era la llamada por la población para resolver el problema de inseguridad.

“Nos han acostumbrado a que seguridad ciudadana es un sinónimo de policías vs. ladrones”, lamenta Dávalos.
Para él, se trata de un problema de enfoque caduco, que es repetido por la población y los gobernantes. Explica que más que un problema de policías, armas y cámaras, es un problema de concepto. En primer lugar, observa que la Policía está estructurada para la seguridad del Estado y no de los ciudadanos.

“Por eso es que los cambian de destino cada cierto tiempo, para que no se encariñen ni formen lazos con el pueblo, al que deberán reprimir ante la primer orden política”, explica.
El segundo gran problema es que la seguridad ciudadana a partir de la Policía es un enfoque reactivo, superado en ciudades exitosas como Caracas o Lima. Allí, según Dávalos, se enfocó la seguridad desde un punto de vista integral, transformando los servicios de movilidad urbana, atención de salud, educación, reforma de mercados, entre otras intervenciones.

Voto miedo
Cuando se vive en una ciudad donde el 65% de los hogares ha sufrido algún tipo de delito, donde uno de cada cinco lo sufrió en el último año, donde más de la mitad de sus habitantes ha visto un robo violento en la calle en los últimos 12 meses, donde un tercio ha visto una transacción o consumo de droga, ofertar seguridad ciudadana puede ser un buen cebo para el anzuelo electoral.

“Por supuesto que da votos, porque es la mayor demanda de la ciudadanía. Los políticos se aprovechan de la desesperación de la población para venderles una sensación de seguridad cuando en realidad saben que no tienen ni las competencias ni los recursos para solucionar los problemas”, dice Carlos Guzmán, politólogo.

Cree que en medida de que la población adquiera mayor cultura ciudadana, se dará cuenta de cuáles son los orígenes de la delincuencia.
Pero hay más. Tanto Percy Fernández como Ernesto Justiniano han convertido en eje de su campaña la seguridad. Para Dávalos, ninguno de los dos ofrece una solución real y se queda en el viejo enfoque represivo. Explica que Fernández ofrece vigilancia vecinal, cuando esa debería ser una iniciativa de la junta de vecinos, no de una autoridad.

Sobre Justiniano, opina que el enfoque represivo nunca ha llevado a nada. Mientras tanto, en el último año, el 9% de los hogares de la ciudad ha recibido algún tipo de robo, uno de cada tres personas ha sido víctima de un robo menor, el 10% ha sido estafado y un 93% de los consultados no sabe de ningún programa que se esté aplicando para disminuir la ‘ola delincuencial’