El autoproclamado califato del grupo terrorista Estado Islámico (EI), que hoy cumple un año y controla la mitad del territorio de Siria, ha impuesto una estricta ley islámica y castigos excepcionales a los habitantes. 

"Podría hablar durante un mes seguido, pero sería insuficiente para describir lo que está haciendo aquí el EI (Estado Islámico)", se lamenta Mohamed al Jalif, un sirio que vive en el califato,

Matrimonios forzados de mujeres, entrenamiento militar de
menores
, expolio y de bienes, castigos brutales... La lista de
maldades perpetradas por esta organización terrorista en la
provincia siria de Deir al Zur, donde habita Al Jalif, es
interminable.

Desde la proclamación del califato, el grupo se ha dedicado a
construir un "Estado" a su medida en los territorios que domina en
Siria e Irak, donde reina la arbitrariedad y el terror, y exprime
económicamente
a los civiles en su propio interés.

"Exigen impuestos por todo: Por la limpieza y vigilancia de las
calles, a los comerciantes, por el agua, la electricidad y el
teléfono. En mi familia pagamos unos 50 dólares al mes, más de lo
que pagábamos al régimen", explica a Efe por internet Al Jalif, que
emplea un nombre falso y antes de activista era ingeniero civil.

A esos impuestos se añade el "zakat" o limosna obligatoria, y en
el caso de los campesinos la donación de una parte de su cosecha a
los radicales, lo que, teniendo en cuenta que Deir al Zur es una
provincia agraria, supone grandes cantidades.

La situación es similar en la provincia de Al Raqa, bastión
principal de los extremistas, donde el EI gobierna con absoluta
arbitrariedad. "De ahí que todos los castigos estén relacionados con la
limpieza. Por ejemplo, a un fumador le condenan a 3 días de cárcel y
a barrer las calles durante otros tres", detalla.

Pero si hay algo que ha transformado en una pesadilla las vidas
de los habitantes del califato son las innumerables restricciones y
el hecho de vivir atemorizados continuamente por los castigos, que
van desde multas hasta latigazos, disparos o decapitaciones.

Las mujeres no pueden salir a la calle sin un "mehrem" o tutor,
que tiene que ser un varón de la familia, y vestidas con "niqab",
velo que tapa todo el cuerpo menos los ojos.

En los hospitales, las féminas no pueden ser atendidas por
médicos hombres,
y viceversa, lo que, señala Al Jalif, ha creado
problemas, porque en Deir al Zur hay muchas especialidades en las
que no se encuentran facultativas.

La educación es otro sector que el EI ha modelado a su medida.
A este respecto, Al Zabet destaca que "no hay escuela en Al Raqa
en que no se haya abierto una mezquita y se enseñe el Corán y
teología
".

Los yihadistas han impuesto su propio programa en los colegios y
la educación obligatoria para los menores de 7 a 18 años, y "las
familias que no llevan a sus hijos a la escuela son castigadas con
multas", subraya Al Jalif

El EI no solo procura asegurarse las adhesiones de los más
pequeños, sino también las de adultos
, a los que ofrece
oportunidades de trabajo y títulos universitarios con la condición
de que el interesado se una a la organización, remarca Al Zabet.

Por el contrario, quienes contravienen sus reglas lo acaban
pagando con la muerte. Abu Hashem escapó de milagro de su casa en Al Raqa, cuando los yihadistas fueron a buscarlo al descubrir que trabajaba como activista.

Su madre los entretuvo mientras él escapaba por la azotea, y huyó
a Turquía, recuerda en declaraciones a Efe Abu Hashem, que emplea un
nombre falso porque tiene familiares en Siria. Las perspectivas que se abren ahora ante él son desesperanzadoras. "Dudo de que el EI sea derrotado algún día, son inhumanos", se queja.