Opinión

OPINIÓN

Después de La Haya

Franz Flores Franz Flores Hace 10/8/2018 1:36:00 AM

Escucha esta nota aquí

Como no podía ser de otra manera, un fracaso internacional como el de La Haya tiene que afectar la política en Bolivia. El hecho de que la Corte Internacional de Justicia haya fallado en contra de la demanda boliviana, dejando a nuestro país más debilitado que nunca en su reclamo marítimo, no es cualquier cosa, puesto que afecta a la sensibilidad de una nación para la que el mar es un tema vital

El primer afectado por esta derrota es Evo Morales, no solo porque es la principal autoridad del país que lideró todo el proceso, sino porque él mismo se encargó de hacer declaraciones desmesuradas sobre un fallo favorable, anunciando una y otra vez que Bolivia estaba más cerca del mar que nunca.

Esta derrota no encuentra a Evo en el mejor de sus momentos políticos: con su legitimidad dañada a raíz del desconocimiento de un veredicto popular que le negó la cuarta repostulación; con un gobierno fuertemente dañado en su imagen a raíz de los escándalos en torno a la administración de la justicia; y con una gestión lastrada por la corrupción, ahora tiene que sopesar las innumerables acusaciones y recriminaciones. La apuesta de Evo de ser el líder imprescindible para continuar con el reclamo marítimo se ha venido abajo de una manera tan contundente que marcará el resto de su gestión presidencial.

Por su parte, lo ocurrido en La Haya encuentra a Evo sin posibilidades de articular una respuesta en sus propias líneas argumentales. No puede acusar al imperialismo norteamericano de ser responsable del fallo, puesto que fue su gobierno el que por propia voluntad inició la demanda, dando toda la potestad y legitimidad a la Corte Internacional de Justicia. En segundo lugar, no puede señalar del fracaso a los enemigos internos, a los que califica de vendepatrias, puesto que todos los actores de oposición lo han apoyado en esta iniciativa, al punto que dos de ellos lo acompañaron a La Haya y, finalmente, no puede señalar falta de apoyo ni de los medios de comunicación ni menos de la población, puesto que él mismo fue unánime y militante.

Aparentemente, la confianza del Gobierno en un fallo favorable fue tan grande que impidió al Gobierno el estructurar un plan B; un conjunto de medidas y de iniciativas políticas posteriores al veredicto que permitan asimilar mejor un posible escenario negativo en La Haya. Morales estaba tan convencido de que la determinación de la Corte Internacional cuando menos señalaría la obligatoriedad de Chile a negociar (aunque sin mencionar el asunto de la soberanía), que estructuró un plan solo considerando el escenario positivo y no el negativo.

Ante esta carencia, el Gobierno ya ha adelantado lo que probablemente será su respuesta en los días venideros: afirmar que nada está perdido y que es posible generar escenarios favorables para el inicio de negociaciones con Chile, lo que sin duda es deseable y posible. El gran desafío para el Gobierno radica en convencer a la población de que el MAS es el indicado para hacerlo.