Opinión

La auténtica miseria intelectual

El Deber 5/7/2018 04:00

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Nuestros gobernantes se topan por todas partes con unas poleras malditas que les producen alergia. Tienen impreso el 21-F o el No. Se las encuentra en los sitios más impensados, en el estadio de Cochabamba o en el de Moscú, en Roma o en Madrid. Aparecen por donde van y les quitan el sueño. Es su asignatura pendiente.

No tienen capacidad para afrontar la situación. No tienen serenidad para vislumbrar que tanto No, tanta polera y tanto grito son una pauta de las dimensiones del rechazo que crece y crece. Lo que se les ocurre es esconderse. Ya no quieren salir a la calle. Si salen, se mueven en secreto. Han escondido su agenda para que nadie aparezca por su camino con la polera. Por un momento pensaron que la solución pudiera ser escapar a Rusia a ver fútbol, pero en Rusia los hizo correr la polera de marras. En la desesperación, han llegado a buscar la protección de algún ejército. En el país menos militarizado del mundo, en el Vaticano, en plena basílica de San Pedro, pedían a gritos fuerza pública y cárcel para unas inofensivas mujeres empoleradas.

Otra reacción es el insulto. Todos son vendepatrias y separatistas. Gritan calificativos, pero sus voces no cambian el referendo acusador, incómodo, que continúa intacto, como continúa el No. Cuando alguien lo recuerda, crece la andanada. Somos neoliberales, imperialistas, racistas, míseros mentales. Insultan, pero en ningún momento piensan en el significado del No, ni tienen serenidad para comprender su profundidad. Solo se enfurecen y, a falta de piedras, lanzan insultos. En ningún momento abordan el problema con inteligencia, con razones, con ideas ni con valor. Solo gritan, agreden y cierran los ojos.

Cuando no hay escapatoria y tienen que dar una respuesta, después de un esfuerzo sobrehumano de reflexión acuden al argumento de la mentira. Dicen que se inventaron mentiras antes del terrible referendo ¿Quién les ha dicho que la gerenta amante o la muerte de un misterioso niño son causales para invalidar un referendo? ¿Cuándo se decidió? Saben que no existe argumento posible ni autoridad capaz de hacerlo. Nunca han dado una respuesta inteligente, coherente, respetuosa sobre la realidad ineludible del No. No pueden. No les queda otra que meter la cabeza bajo la almohada y convencerse de que no existió el abrumadoramente real referendo. Creen que se puede borrar la historia o que sirve de algo renegar contra ella.

Traen por los pelos un tratado de Costa Rica o un fallo del Tribunal Constitucional que no vienen a cuento. No tienen asidero. Son excusas y malas. Son una ocurrencia infantil, como la del niño que no hizo la tarea y ante el profesor inventó un diluvio. El vicepresidente, a falta de respuestas y argumentos, dice que tenemos miseria intelectual ¿Acaso hacen falta argumentos para recordarles que lo que dijo la población el 21 de febrero es una orden ineludible? ¿Hace falta filosofar para decirles que no hay autoridad posible por encima de la voluntad de la población? Para lo que hace falta inteligencia y valor es para asumir la realidad. Hace falta inteligencia y valor para dar una respuesta a la realidad. Hace falta inteligencia para dejar huella en la historia, a pesar de los golpes de la vida. Hace falta una elemental inteligencia para no echarse en el piso con pataleta. Cuando no hay comprensión ni respuestas, cuando no hay paz para buscarlas, una simple polera, una canción, son capaces de encaprichar al niño malcriado que se ha hecho la ilusión de ser el dueño del país.