Opinión

Una economía en apuros

El Deber Hace 12/16/2017 8:00:00 AM

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Bolivia cerrará el año con un crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB) del 4%, muy superior al promedio regional, que será del 1,1%, pero menor a los registrados en los últimos cinco años. El incremento de esta gestión será menor a los obtenidos en 2016 (4,3%), 2015 (4,9%), 2014 (5,5%), y sensiblemente más bajo que el pico de crecimiento que se logró en 2013 (6,8%). 

Tal como explica el economista Gonzalo Chávez, Bolivia sigue una preocupante tendencia de desaceleración de su economía debido, entre otras razones, a la baja en los precios de las materias primas, en particular del petróleo, que tuvo un impacto directo en los ingresos que se obtienen por la venta de gas natural. La economía crece, alerta el experto, pero a un ritmo marcadamente menor cada año.

En el plano discursivo, el Gobierno del presidente Evo Morales no se ha cansado de remarcar que la economía boliviana es la que más crece en América Latina y le cuesta reconocer que el país enfrenta un ciclo de freno que exige medidas urgentes.

El Ejecutivo reaccionó ante este escenario, especialmente, garantizando la estabilidad económica a través de políticas ortodoxas y de una mayor participación del Estado en la economía. Además, esta baja en el ritmo económico se produce pese al incremento sustancial del gasto público, pensado para incentivar el aparato productivo. Los resultados de esta estrategia todavía son materia de discusión. Al parecer, las medidas contuvieron el bajón, pero no pudieron incentivar la actividad económica. 

El sector productivo sigue reclamando, con razón, mayores incentivos para los productos bolivianos y el levantamiento en las restricciones existentes a las exportaciones. Si el mercado interno no responde como requiere la oferta nacional, es conveniente para la economía apuntalar la llegada de lo hecho en Bolivia en los mercados internacionales, especialmente los productos agropecuarios y los no tradicionales. 

El sector empresarial sigue reclamando el levantamiento de las restricciones existentes a las exportaciones. Si el mercado interno es insuficiente para absorber toda la oferta nacional, es fundamental apuntalar su exportación a los mercados internacionales, especialmente los productos no tradicionales y, dentro de estos, los agropecuarios y los agroindustriales que -con el pleno uso de la biotecnología- para convertir a Bolivia en poco tiempo, en un verdadero granero en Sudamérica y en un gran país agroexportador.

El país tiene potenciales enormes para enfrentar este bajón, pero se requiere una estrategia que apuntale al sector productivo, principalmente. Nunca vamos a ser una economía fuerte si no generamos productos competitivos para competir en los mercados internacionales. Y eso se logra con mejores condiciones jurídicas para la inversión extranjera y privada, mejoras en la infraestructura y una política agresiva para llegar a los centros de demanda mundiales.

El 2018 no será fácil. Pero será peor si no adoptamos medidas más efectivas para apuntalar la economía, el centro del desarrollo de una sociedad más justa y equitativa.