Opinión

Cara a cara

El Deber Hace 3/25/2018 2:27:00 PM

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Mientras en Bolivia se conmemoraba con renovado civismo la batalla de Calama, primer enfrentamiento armado de la Guerra del Pacífico en 1879, Chile cerraba sus alegatos en La Haya sin poder rebatir las sólidas argumentaciones bolivianas. Dos periodistas de CNN Chile describieron la exposición del equipo de su país en la CIJ como ‘eficiente, pero sin corazón’, olvidando el lado humano del asunto, que la soberbia es uno de los siete pecados capitales y que al final le puede jugar en contra. “Volvimos a quedar como los malos de la película”, dijeron desalentados los comunicadores trasandinos mientras la posición de Bolivia se vio muy fortalecida por la firme e impecable intervención de sus representantes en el litigio, a la cabeza del agente Eduardo Rodríguez Veltzé. Sin estridencias y con moderado optimismo, podemos aguardar esperanzados lo que resuelva la CIJ en los próximos meses.


Una aguda polarización cierra espacios para debates sosegados y no ayuda a las autoridades ni a la prensa a cumplir mejor el papel que a cada uno corresponde en una democracia vigorosa, deliberativa y abierta. De este modo, tras emitir su informe anual de 2017, la relatoría de la CIDH ha manifestado su preocupación por el comportamiento de algunas autoridades bolivianas y la polarización del escenario mediático a través de declaraciones estigmatizantes que generan un clima que impide la deliberación razonable sobre todos los asuntos públicos. En estos casos, el poder y la soberbia van de la mano... 


Echados al olvido por las entidades del fútbol nacional y librados a su suerte, los exdirigentes Carlos Chávez y Alberto Lozada son víctimas de un sistema judicial corrupto, retorcido y perverso. Ni el muy grave estado de salud del primero atenúa el ensañamiento de sus juzgadores, mientras que el segundo soporta un encierro prolongado e insufrible en Palmasola, sin posibilidades de defenderse en libertad de los cargos que le imputan. Sin pruebas consistentes en su contra ni acceso a un juicio justo, cuesta entender la fobia enfermiza desatada sobre ambos.