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Las maniobras del presidente regional Artur Mas para convertir las próximas elecciones de septiembre en un plebiscito sobre la independencia parecen haber fructificado, generando una creciente inquietud en el gobierno español.

Los independentistas dicen ir "por todas" en estos comicios previstos para el 27 de septiembre. Si ganan, prometen conseguir, en un máximo de 18 meses, la independencia de esta región nororiental de 7,5 millones de habitantes y que atesora una quinta parte de la riqueza española.

"Estamos preparados", repite sin cesar Mas. Desde hace meses su ejecutivo trabaja en crear una administración paralela para asumir las competencias propias de un Estado si fuera necesario.

El año pasado, en noviembre, se realizó un referéndum en el que participaron más de 2 millones de catalanes y aprobaron la independencia con el 80% de votos. Sin embargo, ese proceso electoral no contó con el aval del gobierno de España que lo declaró ilegal.

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Hacia una posible independencia

La semana anterior, el gobierno catalán presentó su modelo de administración tributaria en caso de secesión y aprobó un decreto ley para facilitar la conversión de un instituto de crédito público en un hipotético banco central de Cataluña.

También reforzaron su red diplomática para ganar apoyos internacionales ante el previsible escenario de confrontación que puede darse después de estas elecciones, que el presidente catalán debe convocar formalmente el próximo lunes.