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Mario debe llegar a su trabajo a las 9:00; sin embargo, la mayoría de las veces ingresa con medio y hasta una hora de retraso. Sus descuentos a fin de mes son abismales, pero al parecer eso no lo inquieta para nada.
“Mi sueño lo amerita”, dice cuando se le consulta si es que no es mucho lo que le descuentan por sus atrasos. Para él cumplir horario en su trabajo no es lo más importante, ya que afirma que realiza su trabajo de manera eficiente y cumple con todas sus metas trazadas.

“La verdad es que me cuesta demasiado levantarme temprano, pero como en mi trabajo cumplo con todos mis objetivos y me quedo hasta más tarde, creo que no influye para nada en mi rendimiento laboral que llegue un poco demorado”, señala.

En este sentido, Juan Domingo Fabbri, sicólogo organizacional de la consultora Etika, dice que la tendencia actual de las empresas es manejar horarios flexibles para que el trabajador decida a qué hora quiere entrar y salir, lo que le permite organizarse en función de su vida.
“El trabajo se mide por objetivos alcanzados y no por el horario. Se analiza cuánto realmente está produciendo el funcionario para evaluar su rendimiento. Esta perspectiva más moderna es lo que más llama la atención”, argumenta Fabbri.

No obstante, en criterio de Miry Abou, gerente general de Outosurcing y desarrollo organizacional de BPO Center, está claro que si la persona ingresa demorada a su fuente laboral, no llega a cumplir con sus objetivos de trabajo y, por ende, no satisface en su rendimiento diario.
“El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir nuestras obligaciones: una cita del trabajo, una reunión de amigos, un compromiso de la oficina o un trabajo pendiente por entregar y otros”, remarca.

Empero la socióloga Guadalupe Ábrego no cree que la impuntualidad influya en el rendimiento laboral, ya que los bolivianos tienen fama de ser muy trabajadores donde quiera que se encuentren, independientemente de que sean impuntuales o no.

¿Cuestión cultural?
La sicóloga Mónica Rivero indica que para nuestra sociedad llegar tarde se ha convertido en algo cultural, llegando al extremo de ver como algo normal los atrasos, ya sea en reuniones sociales, laborales y familiares. Incluso, en el país se bromea con lo de la ‘hora boliviana’, poniéndole de esta manera un sello de identidad y convirtiéndolo en una forma de vivir.
“La puntualidad en otras sociedades es imprescindible porque indica el nivel de dedicación y entusiasmo en las relaciones laborales, sociales, etc. Debemos aprender de estas sociedades porque también parte de su progreso es gracias a la puntualidad, al compromiso y al valor que le ponen a todo lo que realizan, remarca.

Para Guadalupe Ábrego la impuntualidad tiene un trasfondo cultural y una herencia hispana. “Son hábitos adquiridos que con el paso del tiempo se convierten en costumbre”, resalta.

Factores que influyen
Para Fabbri llegar tarde a un lugar tiene que ver con dos factores: uno inconsciente y el otro consciente. En el primero, si llega demorado, puede ser que la persona esté indicando que no quiere ir a determinado lugar, razón por la que se tarda lo más posible en llegar, dando el mensaje de que “si pudiera no vendría”. Por ello, añade, cada quien debe analizar adónde llega tarde y por qué.

Por otro lado, la puntualidad es una capacidad adquirida según el entorno en el que el ser humano ha crecido para que termine valorando el tiempo. Depende del país de donde proviene y los padres que tiene para que una persona adquiera ciertos hábitos. Si los progenitores son impuntuales, probablemente los hijos lo serán igual.

Según Rivero, si las llegadas tarde ocurren en todos los ámbitos de la vida de la persona, laboral, social familiar, se podría relacionar con un problema sicológico que debe ser tratado terapéuticamente. Mientras que si el retraso se da solo en el trabajo, hay que analizar las causas, ya que puede deberse a un ambiente hostil, insatisfacción laboral o a alguna persona en particular que podría estar acosando o intimidando al funcionario.

Investigaciones
La investigación de Jeff Conte, profesor asociado del Departamento de Sicología en la Universidad Estatal de San Diego, ha encontrado que existen unas diferencias de personalidad que pueden contribuir al retraso crónico, refiere el diario The Wall Street Journal.

En un estudio que coescribió para la publicación Human Performance examinó a 181 operadores de metro en Nueva York, encontrando que aquellos que preferían realizar varias tareas a la vez, eran los que con más frecuencia llegaban tarde al trabajo.

Sus observaciones muestran que la gente que se mueve rápido, se guía por metas y es a veces hostil, suele ser más puntual, mientras que las personas que son más relajadas, suelen llegar más tarde.

En términos de retraso en el trabajo, Lawrence T. White, profesor de Sicología en Beloit College, dice que los sicólogos organizacionales encontraron que el retraso de muchos empleados puede ser estimado por la edad de sus hijos. Entre más pequeños son, mayor probabilidad de que el empleado llegue tarde.

El retraso de un empleado también puede ser estimado por una baja satisfacción laboral. Expertos señalan que casos más extremos de retraso crónico y puede ser síntomas de trastornos como ser déficit de atención, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo. Un problema que tiene muchas aristas y qué es importante descubrir cuál es su raíz