El papa Francisco defendió la indisolubilidad del matrimonio, condenó el divorcio y reiteró que la familia se compone de un hombre y una mujer al abrir ayer en el Vaticano el Sínodo de obispos.

En su homilía, pronunciada durante la misa solemne en San Pedro ante 400 cardenales y obispos de todo el mundo con ocasión del segundo sínodo de la familia en un año, el papa argentino reconoció que la Iglesia debe defender los valores tradicionales en un “contexto social y matrimonial bastante difícil", recalcó.
A los prelados instó a “buscar y sanar a las parejas heridas con el aceite de la misericordia", un principio básico de su pontificado.
En su discurso, el papa defendió con tono claro y severo la doctrina sobre la familia y citó textos de sus predecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI, como guías del debate.
“Jesús, ante la pregunta retórica que le habían dirigido -probablemente como una trampa, para hacerlo quedar mal ante la multitud que lo seguía y que practicaba el divorcio, como realidad consolidada e intangible-, responde de forma sencilla e inesperada: restituye todo al origen de la creación, para enseñarnos que Dios bendice el amor humano, es él el que une los corazones de dos personas que se aman y los une en la unidad y en la indisolubilidad (...) Jesús restablece así el orden original y originante", afirmó.

El pontífice argentino, que convocó a los obispos de todo el mundo para debatir durante tres semanas sobre los retos que encara la familia moderna, fijó así los parámetros del encuentro, marcado por las tensiones generadas por la confesión el sábado de homosexualidad de un importante prelado del Vaticano, quien fue inmediatamente destituido.
Sobre el divorcio, Francisco reiteró que “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre", del evangelio de San Marcos.

Francisco abre el segundo sínodo sobre los desafíos de la familia moderna en un clima tenso tras la confesión de homosexualidad de un prelado del Vaticano que acusó a la Iglesia de “homofobia".
Hasta el 25 de octubre, cerca de 400 cardenales y obispos, provenientes de todos los continentes, debatirán en el Vaticano por segunda vez en un año sobre temas espinosos relacionados a la familia, como el divorcio y el concubinato.

Hasta ahora, no está previsto que el tema de la homosexualidad dentro y fuera de la Iglesia sea debatido extensamente durante las reuniones, ya que algunos prelados no quisieron ponerlo en el orden del día.
Sin embargo, la confesión del padre polaco Olaf Charamsa, teólogo de la curia romana, quien reveló el sábado a la prensa que era “un gay feliz" y que tenía una pareja desde hace años, podría imponer el tema en los debates.
“Denuncio la homofobia exacerbada, hasta paranoica, de nuestros ambientes religiosos", dijo este cura, presentando el “manifiesto de la liberación" de diez puntos contra “la homofobia institucionalizada de la Iglesia"