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Eran las 11:15 del domingo 23 de septiembre y en el cielo de primavera el sol lucía resplandeciente. La última vez que lo vi fue en mayo de este año. Ya casi no podía caminar y su sala de visitas estaba instalada en su misma habitación. Tomamos el té y comenzamos a hacer eso que tan bien nos salía desde que nos acercamos en 2013: conversar. ¡De qué no hablábamos! La política y la historia eran los temas más frecuentes, aunque también la filosofía.

La poesía no era tanto de su agrado, sí sabía de ella y tenía en su cabeza versos de varios autores, pero no hablaba de ella con tanta pasión. Conocía muy bien el arte alemán, y a Goethe, pero si hablábamos de él era más para referirnos a su arista de pensador y científico que a su faceta de creador y artista… Aquel día de mayo hablamos un poco de la teoría de los colores. Yo le dije: «¿Podemos hablar ahora de la teoría de los colores de Goethe?». Él repuso: «Naturalmente, pero una cosa antes… ¡Debes referirte a él como von Goethe, de lo contrario, nuestro poeta se cabrea…!», me dijo, sarcástico.

El ataúd estaba listo para ser bajado a la fosa. Antes de ello, tres personas pronunciaron sendos discursos. Primero habló el jefe del MNR, e hizo alusión a la obra política de quien había sido pensador y teórico del nacionalismo revolucionario; después habló con sentida emoción el escritor Luis Antezana Ergueta, recordando los años en que los rosados habían derramado sudor y sangre en aras de construir el Estado nacional. Finalmente habló quien escribe estas líneas, y en su intervención más bien se acercó a un plano espiritual y humano. Esto dijo: Quiero iniciar este discurso recitando estos versos de Franz Tamayo que recitamos uno de esos últimos días en que nos vimos: «Es la hora más honda y más callada!».

Todos han hecho aquí referencia a tu obra política; todos los mayores se han referido a ella. Pero la política, cosa de los hombres y de la tierra, por tanto efímera al fin, no tiene la trascendencia de las cosas del espíritu y el alma. Fuiste un cristiano y has hecho de Cristo el eje de tu existencia. Las personas que con este revestimiento espiritual y místico alcanzan en este mundo objetivos inmensos, a diferencia de quienes se guían por el materialismo y el positivismo. Bedregal fue un hombre de una calidad humana extraordinaria y una persona que deja profunda huella en mi vida. Mi homenaje a su existencia es haber historiado su vida en un libro. Hasta pronto… ¡Has comenzado a vivir!