Opinión

Más dura será la caída

El Deber Hace 3/1/2018 8:00:00 AM

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El país entero se ha movilizado contra la repostulación presidencial. El clamor se hizo masivo y llegó de frontera a frontera. Con todo, el MAS y Evo Morales continúan imperturbables en una imaginaria marcha triunfal hacia una nueva presidencia. No se enteran de lo que pasa alrededor. Están absortos en la contemplación del trono y no pueden atender a nada más. No hay cataclismo suficientemente fuerte para despertarlos. Una ambición obsesiva los absorbe.

Pareciera que ha fracasado la movilización nacional. Pareciera que un empecinamiento irracional y un fallo judicial trucho hubieran derrotado a la decisión de la población, que al final será también la que vote el 2019. Pareciera, pero ¿quién ha fracasado? ¿Quién ha fracasado y alimenta una y otra vez su fracaso? ¿A quién se le nubla el futuro? ¿A quién se le ha atrofiado la capacidad de reaccionar? Es verdad científica que ha cambiado la realidad política. Ha cambiado la fe de la población y la atracción que sentía por ellos. Se han derrumbado el liderazgo y el líder.

Lo ve todo el mundo, menos ellos, que son los únicos que podrían ponerle remedio. La pérdida de apoyo popular es real, palpable, pero son incapaces de entenderlo, de aceptarlo y así se han hecho incapaces de influir en ello. Se han vuelto incapaces de cambiar la realidad. 

Es síntoma de la lesión cerebral que les ha provocado ver el país y el mundo durante tanto tiempo desde su sideral palacio presidencial. Ya no pueden entender la vida. Se inventan mil explicaciones ingenuas, sacan de la manga argucias legales inverosímiles porque les es imposible hacer otra cosa. Les han llegado los datos y las informaciones, han comprado sondeos y han conocido los que encomendaron otros, pero están bloqueados para entender, no pueden cambiar la imagen que se han fabricado ellos mismos. No pueden aceptarlo, porque se desvanecería su sueño, se haría añicos su proyecto. No pueden aceptarlo porque creen que por decreto pueden decidir la realidad. Mientras tanto, la realidad crece y crecerá hasta devorarlos.

Por último, esa misma incapacidad, esa obsesión enfermiza por el poder produce desencanto, decepción general. Molesta la ceguera, molesta la tozudez, molesta la angurria de mando, de boato. Molesta la soberbia, el desprecio. Por eso nace el malestar, y crece, y crece. Crece porque no cambia el discurso, por mucho que la gente se manifieste. El malestar crece porque se hace hiriente la distancia que produce el hambre de poder. Crece el malestar porque la actitud es irracional. Crece el malestar porque el mensaje no puede ser más claro, pero no les da la gana de escuchar. No se dan cuenta de que provocan un duro mazazo. Están provocando un voto castigo humillante.