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Los argumentos de la última sentencia del Tribunal Constitucional (TC) del 28 de noviembre han sido considerados “inconsistentes, incoherentes y carentes de sustento jurídico constitucional”, a decir de un connotado exmagistrado del TC, al igual que de muchos entendidos en esta materia a escala nacional e internacional. Dicho dictamen fue la gota que rebalsó el vaso de agua y, en consecuencia, constituyó el gatillo disparador para que surjan nuevos actores. A ello se ha sumado últimamente el fallo del TC que establece suspender el pago de regalías a Santa Cruz por el megacampo gasífero Incahuasi, siendo que un veredicto técnico favorece a nuestro departamento. Esta injusticia es una represalia temeraria contra el desarrollo cruceño. Queriendo desestabilizar a los gobiernos subnacionales y a la universidad Gabriel René Moreno, solo hurtan el progreso a los sectores más vulnerables, a las provincias y a los universitarios. 

Hoy por hoy las plataformas juveniles se han apoderado de las calles, donde también se observa gratamente y de manera nítida el empoderamiento de la mujer en justos reclamos de carácter público. De estas agrupaciones ya se ha escrito bastante, algunos llamando la atención de sus debilidades. Sin embargo, es bueno afirmar que sus fortalezas para mantenerse unidos son los objetivos comunes que persiguen y la identificación de quienes se oponen a dichos propósitos. 

Su ideario es la lucha por una ‘democracia horizontal’ y el desarrollo de ‘gobiernos abiertos’. Estos surgen como “un nuevo paradigma y modelo de relación entre los gobernantes, las administraciones y la sociedad: transparente, multidirigido, colaborativo y orientado a la participación de los ciudadanos tanto en el seguimiento como en la toma de decisiones públicas, a partir de cuya plataforma o espacio de acción es posible catalizar, articular y crear valor público desde y más allá de las fronteras de las burocracias estatales” (Álvaro Ramírez Alujas, 2011).

En consecuencia, se rebelan contra el prorroguismo en el poder y aborrecen el tráfico de influencias y todo tipo de corrupción.  Pero que no se confunda. No cuestionan solamente a los gobernantes actuales, sino que también cuestionan a la institucionalidad cruceña. En resumen, es contra todo el establishment, sea político o de la sociedad civil, que mantiene un statu quo, sosteniendo un inmovilismo conservador y anacrónico que no tie-ne sentido de ser.

Santa Cruz se desarrolló en base a sus instituciones forjadas hace más de 60 años. Su modo de conformación y de actuar continúa casi igual, pero que ya no funcionan en este milenio porque la sociedad contemporánea busca en todos sus ámbitos organizaciones transparentes, ágiles, eficientes, con rotación de sus líderes en los puestos de mandos. En los años 70 y 80 del siglo pasado hubo un cambio generacional en la conducción de Santa Cruz. Ahora corresponde renovar esos liderazgos y traer viento fresco para construir un nuevo proyecto de país a partir del oriente, espacio donde siempre nace el sol.