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Tras los éxitos cosechados en los nueve años anteriores, Evo Morales no ve motivos para cambiar el rumbo del país. Ayer, tras asumir su tercer mandato al frente de Bolivia, el presidente presentó una agenda de continuidad con ocho ofertas de trabajo, uno de los cuales apunta a un cambio estructural: la justicia. El mandatario invocó la ayuda de la sociedad para reformar el sistema judicial a través de una cumbre, cuya propuesta será sometida a un referéndum que debe indicar la forma de elección de magistrados.

En su informe, Morales se sintió entre amigos con la visita de los presidentes de Brasil, Dilma Rousseff; Ecuador, Rafael Correa; Paraguay, Horacio Cartes; Venezuela, Nicolás Maduro; Costa Rica, Luis Solís; el primer ministro de Namibia, Hage Geingob, y el mandatario de Trinidad y Tobago, Anthony Carmona. Antes de entrar en su informe, Morales elogió la estabilidad política alcanzada en los últimos nueve años. Recordó sus años de conscripto, cuando en un año el país tuvo seis presidentes. También explicó que el 22 de enero de 2002 fue expulsado del Parlamento y que, desde 2005, ha ganado siete elecciones con más del 50% de los votos.

Todo el resto del discurso, que se extendió por alrededor de 50 minutos, siguió la pauta de una frase que minutos antes había pronunciado el vicepresidente Álvaro García Linera: “Se ha avanzado más en nueve años que en 200 años anteriores”.

Desafíos altos
En 2005, antes de que Morales asuma la Presidencia, la extrema pobreza en Bolivia alcanzaba el 37,2% y ahora es del 18%. Ahora se plantea que, a la conclusión de este mandato, sea de un solo dígito. “Vamos a estar entre el 8% y 9%”, prometió. Mucho de este logro tiene que ver con el sistema de bonos. Hoy, el 64,3% de los hogares del país recibe algún tipo de renta (era 16% en 2005) y la cobertura de la pensión de jubilación llega al 97% de los mayores de 65 años, la mayor de toda América Latina.

Pese a que uno de los objetivos del quinquenio es concluir con el asfaltado de la red fundamental de carreteras, Morales solo mencionó dos obras importantes, la ruta Rurrenabaque-Riberalta y la construcción de una doble vía en el tramo de El Sillar.

Los aeropuertos también son otra apuesta de esta gestión. Se concluirán las terminales internacionales en los nueve departamentos y habrá alguno (Santa Cruz) que tendrá dos. Aunque no lo explicó el mandatario, Viru Viru se convertirá en una terminal internacional de carga.
Parte de los desafíos tienen que ver con las ‘deudas’ de sus dos mandatos anteriores. Morales quiere entrar en la economía del conocimiento con una ciudadela científica, pero reconoce que la cobertura de educación secundaria, del 76%, es uno de los grandes problemas del país y hay que llegar a 2020 con una cobertura cercana al 100%.

Tampoco está contento con la salud. Dice que hasta 2020 hay que avanzar hacia un seguro universal y también se comprometió a construir hospitales de segundo y tercer nivel en ciudades intermedias y capitales, y cuatro hospitales de cuarto nivel en Santa Cruz, La Paz, Cochabamba y Tarija. No se puso buena nota en alcantarillado, ya que la cobertura de saneamiento básico solo alcanza al 44,7%. Morales prometió cobertura total en Tarija, Oruro y Pando para enero de 2020.

Pese a que los hidrocarburos y la industrialización siempre han sido un pilar de los informes de Morales, esta vez no brillaron demasiado. Solo mencionó obras que están en ejecución, como las separadoras de líquido y la planta de urea, resaltó la inversión de más de 2.050 millones en hidrocarburos, bosquejó las inversiones en hidroeléctricas y otras formas de producción de energía, pero se olvidó de Mutún y otros proyectos trascendentales para el país.

Sin conflictos a la vista, Morales ocupó mucho tiempo para recordar que la estabilidad política trae estabilidad económica, y esta trae desarrollo. “Aquí no gobiernan ni empresarios ni banqueros. Aquí gobierna el pueblo. Muchas gracias por confiar en nosotros cinco años más”, se despidió Morales, sin hablar de crisis económica ni de reservas hidrocarburíferas