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Cada mañana, ella despierta con el cansancio ya instalado en su cuerpo. Cuando piensa que debe ir otra vez al trabajo, siente una opresión en el pecho y le falta el aire. Mientras trabaja, ejecuta las tareas mecánicamente, sin motivación. De vez en cuando cruzan por su mente ideas suicidas y esos colegas que antes ignoraba de pronto la irritan. Ha llegado casi a gritarles aunque suele olvidar por qué.

Si el taxi no llega a tiempo, se pregunta por qué le ocurre a ella; si llueve el día de su evento al aire libre, en lugar de tranquilizarse resignadamente, se enfurruña y hace saber a todos que el universo le debe una explicación. Además, ese mes se ha resfriado y ha vuelto la amigdalitis. Pero cuando sale del trabajo, esos síntomas desaparecen mágicamente.

Y no se dan cuenta

Esas son algunas señales de que ella está padeciendo el síndrome de burn out o de que está quemada por el estrés. “La verdad es que a veces la persona no se da cuenta de que lo tiene. Ese es el peligro. Entra en un estado de robotización, de mecanización. Trabaja como un zombie. No hay vida funcional fuera de la situación laboral, porque en la casa también está mal. Todas sus otras áreas de vida se ven afectadas”, dice la sicóloga Corina Montilla.

El rendimiento de estas personas también se ve afectado. Se cometen más errores y a veces la respuesta es el aislamiento o las reacciones impulsivas por la acumulación de la tensión, explica la profesional.

Menospreciados

Según un informe elaborado el año pasado por la clínica Foianini, donde trabaja Montilla, más del 53% de los trabajadores de Santa Cruz considera al estrés un problema diario y el 62% tiene la percepción de que se menosprecia a quienes se estresan. El estrés es necesario como respuesta de protección ante los desafíos y amenazas, pero si es constante y no se controla, se convierte en la semilla del burn-out.

Según el terapeuta Oscar Urzagasti, cuando el estrés sobrepasa la capacidad sicológica de una persona, se generan trastornos y síntomas clínicos. La Organización Mundial de la Salud los reconoce desde el año 2000.

Se desencadenan la depresión y toda la gama que está detrás de la ansiedad: pánico, agorafobia, fobia social, trastorno obsesivo-compulsivo. “Un indicador interesante es que genera un bajón en las defensas. La gente se enferma más y se vuelve más vulnerable”, explica.

Si bien la baja laboral por estrés no existe en Bolivia, las empresas y las personas se ven afectadas por lo que Urzagasti llama trastornos derivados. Uno de los casos más dolorosos ocurrió en France Telecom. 35 empleados se quitaron la vida entre 2008 y 2009. Después de una investigación, la justicia francesa inculpó a la empresa por acoso moral.

Además de ciertas empresas, hay ambientes que propician el burn-out. Los hospitales y el personal de salud, las secciones de atención al cliente y el sistema educativo son lugares que ponen a prueba la estabilidad sicológica de los trabajadores.

Cinco estrategias

Hay varias formas de evitar el burn out en el trabajo. Planificar las tareas para priorizar lo importante o pensar qué es lo que consideramos éxito para redefinir nuestras metas, por ejemplo (ver infografía).

Sin embargo, Urzagasti recomienda cinco estrategias para salir del burn-out. La primera: recurrir al ocio. Desconectarse de las ocupaciones y realizar un pasatiempo o leer algo relajante. Segundo: meditar, practicar yoga u orar. Rezar o hacer yoga cambia la frecuencia cerebral y aumenta la serotonina, un neurotransmisor que ayuda a lidiar con el estrés y con la depresión. Tercero: la vida sexual activa. Cuarto: comida balanceada. Quinto: ejercicio frecuente.