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No dejan de sorprender los dobleces del caso Quiborax. Lo último ha sido la actuación de la Fiscalía, que retiró la acusación por tres delitos contra funcionarios de esa compañía y que dos días después se llegue al acuerdo entre la Procuraduría del Estado y la empresa chilena para el pago de $us 42,6 millones. Adicionalmente, se supo que tanto el retiro de la sindicación como el proyecto del fallo ‘se filtraron’ desde la computadora de la exsubprocuradora a la de los ‘adversarios’ (juristas de Quiborax). Eso, sumado a otras actuaciones dudosas deberían ser investigadas en el país, pero el Ministerio Público tiene el foco en el expresidente y potencial candidato presidencial Carlos Mesa. Para los otros temas, parece que mira al costado y no tiene el mismo rigor.
 
Duele la muerte de dos pacientes en el Hospital Japonés, como duelen las protestas de enfermos de cáncer en La Paz o los que tienen insuficiencia renal en Cochabamba. Estos hechos no hacen más que desnudar la precaria salud en el país. Hay un modelo que no funciona y que es preciso cambiar. Urge tomar en serio esta crisis en el sistema. En Bolivia se gasta más donde no se debe y se postergan soluciones que son vitales.
 
Lo de Nicaragua y Venezuela es insostenible.  El presidente Ortega, que sigue ordenando la muerte de quienes piden su renuncia y el presidente Maduro, que continúa violando los derechos humanos de los que lo cuestionan y de toda la población. Se trata de situaciones que no pueden dejar de conmover en un continente y en un planeta del que todos somos parte. El Estado de Bolivia no puede seguir respaldando gestiones tan oscuras.