Opinión

Inquietantes datos de economía informal

Guido Alejandro Arana Hace 7/31/2018 8:00:00 AM

Bolivia es el país con mayor economía informal en el mundo, de acuerdo con un informe del Fondo Monetario Internacional que se ha hecho público recientemente con el nombre de Economías informales alrededor del mundo: ¿qué aprendimos en los últimos 20 años? y que señala que el 62,3% de la economía es subterránea. El Gobierno se apresuró a desmentir la noticia y asegurar que la informalidad se ha reducido de 62,3% al 45,98%, entre 1991 y 2015, además de considerar que no es correcta la medición del organismo internacional.

Aun si el FMI estuviera errado y el Gobierno estuviera en lo cierto, es muy inquietante que alrededor del 50% de las actividades económicas del país estén sumergidas en la ilegalidad (informalidad). Eso significa que no tributan y que no respetan las normas, ni las laborales ni las económicas, en el país.

Se trata de un problema con varias aristas. Por un lado, gruesos sectores de comerciantes que se enriquecen sin pagar impuestos y explotando la mano de obra barata que contratan. No hace falta mucha ciencia para ver cuántos negocios no facturan a pesar de las pingües ganancias diarias que perciben.

Mientras eso ocurre, hay una sobredemanda de tributos a empresas formales, que cumplen las leyes, que pagan impuestos o que generan empleos dignos, los cuales se ven amenazados por la obligatoriedad de pagar altos incrementos salariales o doble aguinaldo, cuando se sabe que la economía no crece al mismo ritmo en todos los sectores y que son los menos los que cubren tales beneficios.

Además, también de acuerdo con estudios de organizaciones internacionales, Bolivia es uno de los países donde es más moroso abrir empresas que cumplan con todas las normas, mientras que no se castiga la instalación de negocios que funcionan subterráneamente. Al contrario, en muchos casos se premia al ‘avivado’ que busca la manera de evadir impuestos.

Los datos que hablan del alto índice de economía informal son inquietantes para el ciudadano común y deberían alarmar al Estado, cuyas políticas –hasta el momento- no han logrado cambiar esa realidad. La calidad del empleo ha bajado en los últimos meses, la economía está menos diversificada y no hay incentivo a la producción privada. Además, el alto bono demográfico que existe en Bolivia está en peligro, ya que existe mano de obra joven y con muchas posibilidades, pero los espacios de trabajo se reducen o se deterioran, dejando un horizonte sin esperanzas para la población.

Urge una reflexión sobre el informe del FMI. En vez de defender una situación económica que no es perfecta ni avanza como debe, es importante recibir retroalimentación y corregir el rumbo. La mirada es a largo plazo y no debe quedarse en el resultado cortoplacista que solo sirve para hacer campaña, pero no para dejar cambios de fondo para la población.