Escucha esta nota aquí

Miles de migrantes hondureños avanzan por territorio de Guatemala hacia México y mantienen intacta la esperanza de ingresar a Estados Unidos, pese a la amenaza del presidente Donald Trump de cerrar la frontera sur para impedirles el paso, para lo cual ordenó la movilización de tropas militares. Hombres, mujeres y niños huyen de la pobreza y la inseguridad en América Central.

Ayer, el presidente estadounidense amenazó con cerrar la frontera de Estados Unidos con México si ese país no impide el flujo de migrantes desde América Central.

“Debo, en los términos más firmes, pedir a México que detenga este avance, y si no logra hacerlo, llamaré a los militares y CERRARÉ NUESTRA FRONTERA SUR!”, tuiteó.

La amenaza se produce a menos de tres semanas de las elecciones de medio mandato en las que los republicanos arriesgan con perder la mayoría en el Congreso de EEUU.

“Veo el ataque liderado por el Partido Demócrata (porque quieren fronteras abiertas y las existentes débiles leyes) contra nuestro país de Guatemala, Honduras y El Salvador, cuyos líderes hacen poco para detener este gran flujo de personas, INCLUYENDO MUCHOS CRIMINALES”, afirmó Trump de forma despectiva.

El martes Donald Trump había amenazado con poner fin a la ayuda financiera que Washington concede a Honduras, El Salvador y Guatemala si no detenían la caravana de migrantes.

Dura travesía

Tras pernoctar en la Casa del Migrante de la Iglesia Católica en la capital guatemalteca, los hondureños tienen previsto seguir a pie o con aventones de conductores solidarios los 250 km que separan a Ciudad de Guatemala de la fronteriza Tecún Uman, que une a este país con el estado sureño mexicano de Chiapas.

Sin embargo, la travesía se torna dura, en especial para decenas de niños, pues la lluvia no ha mermado en estos últimos días en la región donde pasarán los inmigrantes.

Muchos portan banderas de Honduras y otros empujan los carritos de sus niños pequeños.

“Aquí vamos siempre en la lucha. La misión es entrar en los Estados Unidos. A ver qué dice Dios”, dijo a la agencia AFP Yarelin Pineda, de 27 años, quien forma parte de un grupo de unos 25 migrantes mientras salía del centro histórico capitalino.

La madre soltera, originaria de Tegucigalpa, dijo que huyó de su país por la falta de empleo y vivienda. Con su hija de 3 años en brazos, agregó que subsistía con la elaboración de tortillas de maíz y lavando ropa de vecinos.

“La idea es seguir ahorita a ver hasta dónde podemos llegar hoy”, agregó José Medina, de 27 años, valiéndose de muletas por una lesión en un pie.

Medina, que se dedicaba a la albañilería en el departamento de El Progreso y dejó a su esposa y tres hijos en Honduras, se lastimó tras saltar de un autobús que le dio un aventón para avanzar un trayecto del camino antes de llegar a Ciudad de Guatemala.

“Vamos a hacer el intento (de entrar a Estados Unidos), a ver si se les ablanda el corazón y nos dejan entrar”, añadió, en alusión a la amenaza de Trump de impedir el ingreso a los hondureños.