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Tiene 20 años al volante, por su antigüedad gana Bs 3.500 y asegura que conduce de lunes a lunes, los únicos días que no trabaja son el tercer día de Carnaval y la noche de Año Nuevo.

Lo que Saturnino (protegemos su identidad) desea apuntarse como una conquista laboral es conseguir que la empresa para la que trabaja le pague viáticos para comer y otros gastos en la ruta, cosa que no ha logrado hasta ahora; en lugar de ello, el propietario de la flota le autorizó a él y a los otros choferes que alcen pasajeros en el camino y se queden con el pago.

Aprendió a conducir cuando era un chiquillo y nunca intentó buscarse la vida haciendo otra cosa. “Voy a morir haciendo lo mismo”, expresa, a modo de sentencia y se prepara con emoción para partir con destino a Sucre, donde viven sus cinco hijos, a los que no ve hace rato.

Jaime (nombre igualmente ficticio) maneja desde hace 15 años, gana Bs 2.500 y luce una barba recién afeitada, pero las ojeras echan por tierra el intento de lucir fresco y despabilado. Acaba de llegar de La Paz, condujo desde las 16:30 del sábado y llegó ayer a las 18:00, con retraso por el aparatoso accidente en la carretera en el tramo de Cochabamba a Santa Cruz.

Él es el chofer titular, por lo tanto, a mitad de camino entregó el volante a su relevo y se dispuso a dormir el resto de la ruta en la misma flota. Ese, en realidad, es su único descanso.

Una vez en la parada final, ayuda en la entrega de equipaje y de encomiendas, luego debe revisar su instrumento de trabajo para detectar algún desperfecto técnico e inmediatamente vuelve a prender el motor y a partir a otro destino.

Cristian, su relevo, tiene cinco años conduciendo y se ríe de las cifras de la Policía que le cargan el 85% de la culpa de los accidentes a las fallas humanas.

“Yo la invito a que se siente a mi lado y tome nota del camino; en el lugar del accidente se ha hecho un mal ‘recapado’, han puesto algo como alquitrán, que con la lluvia las llantas sí o sí resbalan y han dejado un desnivel entre el recapado y la vía sin mantenimiento de modo que en la noche, sin señalización, no vemos bien, pisamos ese desnivel y la dirección nos gana, y así no se puede controlar el vehículo”.

Con evidente interés de que la gente se ponga en sus zapatos, explica que son los mismos pasajeros los que les exigen velocidad, les dicen que han pagado un pasaje en el que se les asegura que llegarán en un determinado número de horas y que si hay atraso el reclamo es duro. Además, afirma que entre los meses de diciembre y febrero hay más viajeros en la ruta, conductores privados que no dominan el camino y que hacen cosas indebidas.

Falta de garantías
Este medio confirmó que en muchos casos son los choferes los que hacen mantenimiento técnico de la flota, en otros, la empresa tiene su propio técnico, pero que el domingo no trabajan los mecánicos