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“Cuando una persona te trata mal, no puede ser bienvenido en tu casa, ¿no ve?”, dice Tania Solís Vargas, ejecutiva de mujeres de la central 14 de Septiembre, en el corazón de la Federación Trópico de Chapare, la cuna política de Evo Morales, a donde el presidente va y viene como en su casa. Todo Chapare, desde la tranca de Bulo Bulo hasta el retén de Colomi, es territorio prohibido para la oposición y esta mujer, de 41 años, lo racionaliza así: no se puede invitar a casa a alguien que te trató mal.

Lo dice –desde Cochabamba– con otras palabras, Leonardo Loza, ejecutivo de la Federación de Chimoré, una de las dos federaciones –junto a la de Shinahota– que ya emitió un voto resolutivo prohibiendo el ingreso de opositores: “Las seis federaciones tenemos memoria, no olvidaremos que cuando era vicepresidente y presidente hirieron y mataron a muchos de mis hermanos; por culpa de Carlos de Mesa hay viudas, huérfanos y por eso en el trópico hay conciencia; siento que la reacción es normal de compañeros que no quieren a personajes que nos hicieron tanto daño”.

Varios dirigentes de Chapare estaban ayer en la ciudad de Cochabamba. El lunes por la noche, en la sede de Lauca Ñ, se reunieron con el presidente Evo Morales, que salió de la zona sin hacer declaraciones y pernoctó en la capital del valle. La presencia del mandatario en la zona no ablandó la decisión de sus bases de evitar que sus adversarios hagan campaña en Chapare. Por la mañana del martes, en la radio Kawsachun Coca, voz oficial de las seis federaciones de productores de la hoja de coca, leían el segundo voto resolutivo que prohibía registros de opositores en la zona.

El viernes último, un grupo de vecinos de Shinahota echó a militantes del Frente de Izquierda Revolucionaria, que propone como candidato a la presidencia a Carlos de Mesa, de su pueblo, justo cuando habían registrado a dos transportistas como nuevos militantes del FRI.

La explicación del MAS

En Chapare, la única militancia posible es la del Movimiento Al Socialismo (MAS). Ni siquiera lo llaman así. Pese a que el partido del presidente Evo Morales tiene más de 20 años, entre los campesinos del trópico de Cochabamba el MAS sigue siendo “el instrumento político”.

Y en Villa 14 de Septiembre, en el galpón donde todos los sábados se acopia la coca que se vende en el día, la imagen de Evo Morales tiene el mismo peso que la de Túpac Katari y Bartolina Sisa. “Era niña, pero me acuerdo que cuando había erradicación forzosa, no se respetaba los derechos humanos, por eso esta decisión se ha tomado para no permitir ingresar a los partidos neoliberales. En la época de erradicación forzosa tanta gente ha muerto”, explicó Solís.

Cuando se le consulta si durante el gobierno de Carlos de Mesa también hubo represión, Solís asegura que sí. A su lado está Johnny Montaño, secretario de Relaciones de la central de Villa 14 de Septiembre, que despala coca en una bolsa. “En todos los gobiernos hubo”, interrumpe.

Cuando se les recuerda que con De Mesa en la presidencia se legalizó el cato de coca (derecho a sembrar una superficie equivalente a 1.600 metros cuadrados), Montaño asegura que eso fue solo un acuerdo y que fue propuesto por Evo Morales cuando fue diputado. Dice que la verdadera legalización del cato se dio con la Ley General de la Coca, que antes los cocaleros solo tenían un convenio.

“La última represión en Chapare fue durante el Gobierno de Carlos de Mesa. Gracias a los neoliberales en Chapare hay huérfanos y viudas. Si esta mesa hablara, contaría cuántas veces se ha tenido que abrir la cabeza de los compañeros como tutumas para sacar las balas”, cuenta Montaño, que advierte que no reaccionarán bien a la visita de quienes llama neoliberales.