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El presidente chino, Xi Jinping, subrayó este miércoles que el desarrollo de las religiones en China debe ser ajeno a influencias extranjeras, a la vez que animó a incorporar las creencias a la sociedad socialista.

"Se deben realizar esfuerzos activos para incorporar las religiones a la sociedad socialista", dijo el presidente durante un encuentro con miembros de alto rango del Partido Comunista (PCCh) que concluyó este miércoles, según recoge la agencia oficial Xinhua.

Durante la reunión, Xi prometió también "aplicar al completo" medidas para garantizar la libertad religiosa y gestionar los asuntos relacionados con esta materia de acuerdo a la ley.

Xi instó a una "actitud equilibrada" hacia las religiones, teniendo en cuenta, matizó, "sus pros y contras".

China sólo aprueba a su Iglesia Patriótica Católica, institución que regula las actividades de esta religión en el país, y no reconoce la autoridad vaticana, aunque a finales de año ofreció a la Santa Sede la posibilidad de revisar conjuntamente el nombramiento de obispos, asunto que mina las relaciones Roma-Pekín.

En el mismo encuentro, pidió a las autoridades a "acercarse y reclutar a más intelectuales" que no sean del Partido Comunista, en pos del desarrollo económico y de la limpieza de internet, dijo.
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El Vaticano pone su atención en China

En agosto de 2014, el Pontífice había dicho, luego de ser autorizado a sobrevolar por primera vez espacio aéreo chino en su viaje a Corea del Sur, que "iría mañana mismo" a China, el país comunista distanciado de la Santa Sede desde hace 63 años y donde hay más de 10 millones de católicos, según el periódico argentino La Nación.

La diplomacia vaticana opera sigilosamente para superar la división con China y sellar un acuerdo que podría llegar pronto.

Minorías religiosas 

Por otro lado, algunos grupos en el exilio de la minoría uigur, que profesa la religión musulmana y viven en el noroeste de China, en la región de Xinjiang, han denunciado la intolerancia de las autoridades chinas contra ciertos símbolos del Islam, como el velo en las mujeres o incluso la barba en los hombres.

Xi aseveró hoy que el país "reconoce la contribución de la población religiosa y les animará a continuar trabajando por el desarrollo" del país, así como por la "unidad étnica".

China siempre ha condenado que países se inmiscuyan en sus asuntos, y se opone especialmente a que otros gobiernos cuestionen sus políticas en Tíbet y Xinjiang, donde denuncia que operan extremistas religiosos que buscan la independencia de ambas regiones.