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Parece que es una tendencia mundial, ejemplo de ello son los famosos Gwyneth Paltrow y Chris Martin, quienes a pesar de no ser más pareja, no rompieron del todo su vínculo familiar ni terminaron revoleando platos: ella lo acompaña en sus giras con sus hijos a él y su actual novia. Se volvieron militantes de la "conscious uncoupling"; es decir la separación consciente.

Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo, explicó en el portal entremujeres.com, que cada una de las etapas de la separación amorosa tiene su impacto en las emociones. Las crisis previas con intentos de recuperación hasta lo imposible; luego el planteo de la decisión de separarse, el momento de decidir cómo hacerlo, cuándo; para finalmente terminar con un "cierre de puerta" y enfrentar lo que venga después. Todas estas se convierten en situaciones estresantes, aunque las partes estén convencidas de que es el mejor camino a seguir.

Si en un comienzo el amor, el ejercicio de imaginar el futuro juntos; la construcción de los proyectos a lo largo del tiempo, van configurado el vínculo... la ruptura del mismo desarma de un golpe el imaginario y los logros conseguidos. La desilusión, la decepción, la pérdida del amor, el estado de alerta frente lo imprevisible, son algunos de los estados emocionales que prevalecen y más aún, pueden persistir durante largo tiempo.

El divorcio como instancia legal es un corte transversal que concretiza la desunión, pero la repercusión emocional tiene un curso más prolongado. El mundo interno tiene que reorganizarse, tanto en lo que respecta a la imagen personal, como a las relaciones con el entorno. Acostumbrarse a no estar con ese otro (que fue amor y parte del conflicto); enfrentar con un único criterio el orden cotidiano; estirarse a las anchas en la cama con mucho de alivio y algo de vacío; volver al cuerpo, a las amistades, a la posibilidad de un nuevo amor, son algunos de los sentimientos que aparecen en esta nueva etapa.

Sin embargo, las cosas pueden complicarse cuando el conflicto persiste bajo la sombra de cartas documento, amenazas, peleas por bienes materiales, rivalidades con los hijos de por medio, etc. Y la pregunta inevitable que tiene algo de confusión y mucho de reproche es: “¿Con quién estuve todos estos años?”.

Finalizar una relación en buenos términos requiere no solo de buena voluntad entre las partes, sino de capacidades personales para hacer frente a situaciones adversas, sobre todo en el manejo consciente de las emociones.

Estas son algunas claves para comprender por qué no son buenos los eternos reclamos, odios y rencores y para dar paso a otro estilo de amor no posesivo. El otro es otro, hay que internalizarlo y el amor persiste cuando esto se acepta profundamente.

1) En primer lugar, es importante saber que una relación no es la unión de dos partes que se completan, como un encastre que encaja con algún grado de perfección.

2) La naturaleza de toda relación se basa en la interacción de dos personas (cada una con su historia, su forma de ver la vida, de pensar, su mundo de emociones, sus deseos, su personalidad).

3) El desafío de las parejas no es estar de acuerdo, sino encontrar formas para “acordar los desacuerdos” sin provocar conflictos insuperables. Si esta postura ha sido constante durante la convivencia, las posibilidades de una buena separación serán mayores.

4) Creer que el amor “todo lo puede” es una construcción romántica ideal que poco tiene que ver con lo que sucede a lo largo de la convivencia. Muchas parejas se aman pero son incapaces de sortear las diferencias.

5) El amor y el desamor se incluyen dentro de esquemas sociales y culturales que nos dicen “cómo debe ser”. La imagen impuesta de cómo debe ser un vínculo amoroso se extiende a la construcción de la familia.

6) Las parejas tienen el compromiso de encontrar el propio estilo para estar juntos, o para separarse.

7) Es dañino para ambos, luego de la separación, continuar con el control o querer saber del otro por amigos en común, redes sociales, etc. Seguir con reproches o echando culpas está vedado si queremos terminar en acuerdos y armonía.

8) Acordar cómo será de ahora en más el sustento del los hijos en común es una responsabilidad insoslayable.

9) La separación es un tema que concierne a los adultos, los niños deben saber de la situación, pero de ninguna manera deben ser “botines de guerra” del conflicto.

10) La imagen que los pequeños tienen de sus padres no tiene que ser influida por comentarios adversos de los adultos.