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A Leopoldo Fernández lo mandaron a cargar su cruz por las calles de Cobija y él lo tomó como un premio. Erguido, de cabellos cortos y cenizos, el exprefecto de Pando se abrió pasó entre decenas de policías armados, sonrió, dio apretones de manos y alzó el puño en cada una de las seis estaciones por las que caminó ayer por la tarde durante la inspección ordenada por el juez César Portocarrero, dentro del caso Porvenir.

Acusado por la matanza de septiembre de 2008 en Porvenir, para él, la exhibición de la causa que lo alejó de su tierra por casi siete años es la oportunidad para volver a tocar a sus adherentes y recordarle al pueblo quién es él, entre llantos y aplausos. Incluso cargando la cruz de la acusación.

“Ese cariño de la gente muestra a moros y a cristianos que a pesar de los siete años todavía hay un contacto directo entre la gente y yo”, dijo en la intimidad de su arresto domiciliario, el hotel Victoria, al ser interrogado sobre si no cree que le pueda perjudicar ese ‘baño de pueblo’ ahora que está enjuiciado y que tiene en su contra al Gobierno del presidente Evo Morales.

Romería
Eran las 11:00 y el sol de Cobija rendía a cualquiera. A esa hora había que llegar a la avenida 6 de Agosto, esquina Feliciano Montero, para ver la anticipación del espectáculo. Entrando de cuatro en cuatro y, al final, dos en dos, una fila de unos 40 visitantes esperaba su turno para pasar al hotel del ‘Cacique’, como apodan a Leopoldo Fernández.

Algunos habían viajado kilómetros para estar ahí, esperando bajo el sol para entrar a su sala, darle la mano y tomarse una foto con el acusado.
Rodney Terrazas tiene 32 años y viajó desde Porvenir para abrazar a Fernández. Rolman Aguirre, comerciante de 52 años, peregrinó desde Chivé, distante 180 kilómetros de Cobija, para lo mismo.

Daniel López es un mototaxista de 28 años parapetado en la misma fila. Leopoldo recibe a todo el que puede llegar, una vez superado el precinto controlado a una cuadra alrededor del hotel, a otro filtro en la puerta principal y a unos oficiales de la antesala que retienen la documentación del visitante.

Pero el plato fuerte ocurrió durante la audiencia. Feliz de la vida, el enjuiciado fue llevado desde el hotel hasta el Palacio de Justicia de Pando. Allí se sumó a Evin Ventura, a Marcelo Mejido y a Hernán Justiniano, los otros tres procesados del caso Porvenir que se hospedan en la cárcel de Villa Busch.

Media hora después de instalada la sesión, acusadores y acusados se pusieron de acuerdo con el juez Portocarrero y salieron escoltados por 10 patrullas de policías (armados para una guerra), un bus y una ambulancia. La primera parada fue en el edificio de la Felcc, a cuatro cuadras del Palacio de Justicia que el ‘Cacique’ decidió andar, intacto, saludando, buscando el contacto con una multitud que estaba separada de él por los escudos y los agentes policiales

Luego fue al Comité Cívico, después a la Gobernación. No se vio por ninguna parte al gobernador, Luis Adolfo Flores, pero sí fue el lugar propicio para que Fernández rememorara como lo trasladaron desde allí los militares y cómo fue que nunca más volvió al cargo de prefecto.

Para esa hora Cobija era un enjambre de policías y adeptos. Las calles a donde llegaba la comitiva se cerraban y el tráfico se ponía de cabeza. Vino después la visita al que fue el Servicio Prefectural de Caminos, luego al hospital Roberto Galindo, después a la antigua oficina del INRA y finalmente al aeropuerto. A las 18:00, el juez suspendió la audiencia. Se reiniciará hoy,