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Celia Castedo Monasterio, la exfuncionaria de Aasana, recibió hace un par de días el protocolo de certificación donde el Estado de Brasil le otorga el refugio por tiempo ilimitado. Ella le contó a EL DEBER que estaba triste y deprimida al pensar en los dos años de su salida del país, cuando en el momento menos esperado la delegación de la Policía Federal la sorprendió con el documento.

“Me siento como su hubiera transcurrido media vida, son dos años que parecen eternos, lejos de mi familia, de mi madre, de mis hijos y colegas de Aasana, a la que serví por 30 años”, dijo en un contacto telefónico la mujer.

Afirmó que el refugio en Brasil, al que fue forzada por la persecución ilegal de las autoridades bolivianas por la tragedia de LaMia, la obligó a cambiar radicalmente su vida. “He estado sin trabajo todo este tiempo, me he gastado los ahorros de mis 30 años de trabajo. Lo único que he tenido de recompensa es el haberme defendido en libertad y así poder demostrar mi inocencia”.

Tras recibir su documento de refugio, Castedo equilibró los momentos duros al pensar ya en los dos años y porque hubo cambio de Gobierno en Brasil. Eso le preocupó, pero ahora cree que se debe valorar el rol humano de los gobernantes de ese país.

“No me canso ni me cansaré de agradecer a Brasil, un país que desde que pisé su suelo creyó en mí, en mi voluntad de someterme a un proceso justo y, por qué no decirlo, creyó en mi inocencia. Brasil es hoy mi segunda patria, la que me dio el refugio a solo horas de mi arribo, permitiéndome así la oportunidad de vivir sin la persecución a la que injustamente fui sometida en mi país. Me permitió también decir mi verdad ante las autoridades brasileñas y a los medios de comunicación más importantes de Brasil, así como agradecer la atención de EL DEBER, de CNN de Estados Unidos y de otros países que buscaban el esclarecimiento del caso LaMia”.

Celia Castedo, asimismo, afirmó que a Corumbá también llegaron autoridades de la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional) y el grupo de Investigación de Accidentes de la Aeronáutica Civil de Colombia.

Marco Antonio Rocha

El coronel de la FAB, Marco Antonio Rocha, jefe de operaciones y propietario de LaMia, a casi dos años del accidente, vive en Miami con su esposa y sus dos hijos.

Tiene refugio temporal y espera la respuesta a su pedido de asilo, pues se siente una víctima más de la persecución del Gobierno. “Lo único que quisiera es que el seguro pague a las víctimas y con eso, por lo menos, puedan mitigar en algo el dolor de haber perdido a sus seres queridos. Que el Gobierno acabe de una vez esa farsa de juicio, porque lo que sucedió fue un accidente y fue una gran tragedia y nos dejó una herida que no sanará jamás y solo le pido a Dios consuelo y fortaleza a todos los que sufrimos y vivimos con todo lo que ocurrido”, aseguró el dueño de LaMia.