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Los años conviviendo en Huanuni permitieron a Kiro Russo conocer de cerca el oscuro mundo de las minas y de sus trabajadores, como también ampliar su sensibilidad y cuestionarse sobre diversos aspectos de su cultura e identidad. Esta visión se encuentra plasmada en Viejo Calavera, uno de los filmes bolivianos más premiados en los últimos tiempos. El cineasta cerró un 2017 abundante en reconocimientos con el Patujú de Bronce, premio que otorga EL DEBER a los personajes del año. Este galardón valora lo conseguido por Russo en el contexto internacional, que incluye la participación en prestigiosos certámenes, como los Premios Platino del Cine Iberoamericano, los Goya, el Festival de San Sebastián y el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, donde Viejo Calavera se erigió como la mejor película del evento.

_¿Cómo calificás todo lo conseguido con Viejo Calavera? 
Este 2017 ha sido excelente para mí y para Viejo Calavera, porque la película viajó por todo el mundo, ha superado los 80 festivales y recibió 22 premios en el exterior. Asimismo, ha sido una oportunidad increíble para poder conectarme con el cine a escala internacional y, sobre todo, para aprender cómo funciona realmente. Ha sido muy importante también escuchar todos los comentarios de la gente que ha visto la película. 

_¿Esperabas que el reconocimiento llegara a los niveles que alcanzó la cinta?
Nunca busqué el reconocimiento internacional. Lo que sí se buscó desde un principio fue lograr consolidar un trabajo de rigor que esté comprometido con el mundo de los mineros, en este caso de los de Huanuni, lugar donde viví durante varios años y fui testigo de su realidad. Y, por otro lado, me interesó explorar nuevos lenguajes cinematográficos. Se trata de arriesgar lo más posible dentro de este género. El camino que hizo la película fue inesperado y, obviamente, muy bien recibido. Me importa mucho que me vean como un realizador, a pesar de lo complicado que resulta hacer cine en Bolivia.

_¿De qué ha servido ser parte de Socavón Cine? 
Socavón Cine es una comunidad de realizadores en la que cada uno tiene sus propias ideas y es autor de las obras que realiza. Es una plataforma de apoyo creada con el objetivo de lograr hacer cine en este país. Lo que hacemos es prestarnos equipos, dialogar sobre las cosas que hacemos e intercambiar criterios. No es un colectivo que está haciendo obras en conjunto; es más, actualmente Carlos Piñeiro está a punto de filmar su próxima película (Sirena), Miguel Hilari también, al igual que yo. Pero sí hay ciertas premisas en las que coincidimos, sobre todo en la idea de hacer un cine de rigor, artesanal y que pueda llegar a buscar las formas más correctas de representarnos como bolivianos.   

_¿Qué implica buscar estas formas?
De lo que se trata, principalmente, es que como cineastas debemos estar conscientes de dónde estamos parados y cuál es el concepto de culturas que nos representa a todos nosotros en nuestra cotidianidad, de la manera que sea. Yo no estoy en contra de los distintos tipos de cine que se hacen, me parece que todos son válidos, pero más importante es saber lo que somos. 

_¿Qué se viene ahora?
Estoy trabajando en mi próximo largometraje titulado Loba, que espero comenzar a filmar en 2018. El proyecto fue seleccionado en la edición 2016 del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.