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Cerca de las 9:30 se ofició una misa de cuerpo presente como despedida de Fernandito, más conocido como Chumita. Luego, pasada las 10:00 familiares, amigos y vecinos convertidos en una multitud alzaron el ataúd con los restos del pequeño y lo llevaron en andas desde su barrio San José hasta el cementerio, ubicado a unas 15 cuadras, en Montero.

En el trayecto les agarró la fuerte lluvia, pero el cortejo fúnebre siguió marchando incólume hasta la morada final del adolescente, de 13 años, que falleció el miércoles luego de una prolongada batalla contra el cáncer en una rodilla.

Varios compañeros de su colegio acompañaron el féretro con el cajón blanco del pequeño futbolista pelirrojo, perfil por el que lo apodaron Chumita, en comparación con el futbolista boliviano Alejandro Chumacero, actual jugador del Puebla de México.

Los dolientes se dieron modos para sortear los charcos de agua entre los nichos y encajaron el ataúd en su última morada al son de las canciones de Oriente Petrolero, su club de preferencia, y de Guabirá.

Claudia, que vino desde una prisión argentina exclusivamente a ver a su hijo, siguió el entierro desde la seguridad de un vehículo, alejada de la prensa. Pronto debe volver a Argentina, donde tiene pendiente un proceso por tráfico de droga.