Opinión

¿Como para qué sería?

Carlos Valverde Hace 3/18/2018 8:09:00 AM

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Así dicen en mi pueblo cuando la propuesta del contertulio ‘no cuaja’, de manera que, la voy a usar para hacer una pregunta. ¿Qué hay detrás de la decisión del poder de traspasar a FFAA y Policía el control y lucha contra el contrabando, no sin antes aclarar que tiene que ser normal que una de las dos fuerzas (o ambas) coadyuve en las tareas de Aduanas de Bolivia de combatir una actividad (contrabando) que tanto daño le hace al erario nacional, pero mucho bien a las calles ávidas de comprar vehículos, comida, ropa (usada o nueva), bebidas y cualquier otra cosa que sea de quienes reciben dinero del exterior, manteniendo estable la economía, con precios bajos e inflación también.

Creo que el Gobierno va a atacar fundamentalmente el tráfico de vehículos (que no es el más significativo, económicamente hablando) porque estos generan pérdida por dos lados: por su internación al país sin pagar aranceles y el segundo, porque consumen combustible subvencionado y el Estado gasta cada vez más en su importación, de una plata que escasea cada vez más.

Pero, esa es la parte chica del problema. La parte que hace a la pregunta tiene que ver con el “repliegue o retiro de Aduanas de Bolivia de la tarea de la interdicción”, trabajo que será dado a las FFAA y a la Policía Nacional. De acuerdo a doña Marlene Ardaya, la Aduana estará en los puntos de control y no en el campo, lugares que serán “atendidos” por las fuerzas citadas, porque “en esos lugares tiene que armarse otra logística, con lo que han estudiado los militares y policías. Ahí, un civil estorba en vez de ayudar”. Extraña posición de quien sabe que, institucional y constitucionalmente, tal tarea corresponde a Aduanas de Bolivia. Ellos son quienes deben detener, confiscar, indagar y determinar qué hacer con cargas y mercaderías sospechosas de contrabando; cualquier otra determinación es irregular y, fundamentalmente, desinstitucionaliza al Estado que tiene una estructura legal de cumplimiento obligatorio.

Aquello de que un civil estorba y que se va a esperar que los policías y militares “lleven a los contrabandistas hasta el punto de control” es una verdad a medias (o una gran mentira). Que se sepa, en el tiempo, Aduanas ha trabajado en la tarea y si bien es cierto que hay mucha corrupción, no es menos cierto que ha funcionado de manera tal que la señora que se vanagloriaba de los “éxitos en la lucha contra el contrabando”, tendrá que decirle al país si fue así o si tal discurso solo fue parte del relato de éxito de la gestión de Gobierno y que, tal vez, se debiera cerrar nomás la Aduana y dejar que los ‘armados’ sean los que operen en base a su fuerza; sabrá ella.

Con argumentos tan básicos y pueriles, a lo mejor debiéramos mirar hacia una necesidad política del Gobierno de ‘motivar y asegurar lealtades’ de los ‘armados’, actuando a semejanza de los ‘bonos de lealtad’ de García Meza; es decir, darles posibilidad de bonificar económicamente a quienes el día de mañana, con el mismo argumento de permitir el ‘uso controlado de armas’ en las ciudades (casi como lo que hizo Sánchez de Lozada) para asegurar la continuidad del partido de Gobierno y de Evo Morales en el poder, pese a que ya no puede.

Puede parecer exagerado pero, las exageraciones siempre quedaron pequeñas en nuestro país, cuando de mantener el poder se trata: los gobiernos dan ‘posibilidades recaudatorias o económicas’ (de diversas formas y mecanismos) y los beneficiados asumen defensa del poder de turno, al costo que fuere. Hay un servicio de fuerza para la imposición de ilegalidades e irregularidades que le permiten al poder reproducirse y hay un ‘pago’ por tal situación; es decir, estamos frente a un beneficio de ambas partes en la que, la dañada puede ser la democracia.

Veamos cómo actúan o han actuando en otros países. Curiosamente, en los de la órbita del Socialismo del Siglo XXI, los garantes del uso del poder ya no son las instituciones democráticas como la ley, el Parlamento o la alternancia, sino las armas, la represión y el achicamiento de la democracia, casi hasta ser solo una palabra sin sentido.
Piénselo… no es tan exagerado.