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La máquina Continental 24, de dos cuerpos y con una capacidad de encapsular 10 fardos de fibra de algodón por hora, desde hace meses tiene más materia prima para procesar y su sonido ronco se ha vuelto más habitual.

Una inyección del Banco de Desarrollo Productivos (BDP), de Bs 350.000, dirigida a 17 pequeños y medianos algodoneros, fue la savia que la zona de Pailón y en la comunidad de Nueva Belén (Santa Cruz) ha despertado el optimismo de un sector que hace años necesita aire para respirar y no morir asfixiado por los altos costos operativos para producir.

En el ingreso a la desmotadora de la empresa Digrabol, más de un centenar de fardos (cada uno pesa cinco quintales) de fibra de algodón hacen guardia a la espera de ser comercializados por Agro Fortaleza.
Juan Campero, presidente de la Federación de Productores de Algodón (Fedepa), es un hombre curtido, que en 44 años nunca dejó de sembrar y, que considera que con el apoyo estatal hay una luz de esperanza para reactivar al sector, en especial a los pequeños y medianos productores.

Sobre la calidad del algodón que se está produciendo, Campero indicó que en un alto porcentaje se trata de primera calidad (Base SM) y que si se cuenta con el apoyo necesario se puede mantener esa tendencia.
Mientras la desmotadora Continental va por su segundo fardo, Daniel Canaviri, gerente técnico de Digrabol, recuerda los años dorados del sector cuando en la factoría en cuatro meses se producían 10.000 fardos, mientras en la actualidad en el quinto mes de trabajo recién van por los 1.200.

Desde la Cámara Agropecuria del Oriente esperan que los recursos que destina el Gobierno al sector sirvan para reactivar el negocio del algodón, que hace 20 años, en sus tiempos dorados, la región llegó a tener unas 2.000 hectáreas cultivadas.

La recolección

En la comunidad de Nueva Belén, a una hora de la capital cruceña, Aidee Cabrera, con su sombrero de ala ancha y sus manos expertas para arrancar los capullos de algodón, es una de las beneficiadas por los préstamos estatales.

Cabrera recibió Bs 17.500 que los usó para la siembra de cinco hectáreas y probar suerte.

Asegura que en las primeras recolecciones se sintió algo inquieta, pero luego de ver el rendimiento de su chaco el alma le volvió al cuerpo.
La productora, para el 2016, apuesta por ampliar la superficie de siembra en busca de mayor rentabilidad