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El grupo cochabambino los Kjarkas subió al escenario y sus canciones comenzaron a sonar. Eso fue como una señal e inmediatamente el personal de servicio del hotel Regina de Tiquipaya sirvió el almuerzo al que el presidente Evo Morales había convocado a un escogido grupo de invitados.

El mandatario boliviano llegó al salón en compañía de su homólogo ecuatoriano, Rafael Correa. Desde otro sector del hotel, ambos recorrieron 500 metros en un vehículo de esos que se utilizan en campos de golf. Poco después, llegó a la cita el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrila.

El grupo folclórico más importante y exitoso del país acompañaba a los invitados con su sabroso repertorio. Incluso grupos de baile desplegaban coreografías en el salón, pero en el exterior, el nerviosismo e incomodidad eran evidentes. Faltaba un invitado.

Alrededor de las 9:00 de la mañana, en el cielo de Tiquipaya apareció el helicóptero presidencial. Como en las cuestiones de seguridad nunca hay certezas, desde el campus de Univalle, cercano al hotel Regina, algunas personas decían que arribaba el presidente Evo Morales, quien tuvo una reunión en Quillacollo a las 5:00 de la madrugada, con dirigentes de Tarija. De ahí viajó hasta El Alto para despedir a la selección boliviana y luego volvió para recibir a sus huéspedes.
Otros, señalaban el helicóptero y afirmaban que allá iba el presidente Maduro. La aeronave descendió, dejó a uno de los mandatarios e inmediatamente volvió a levantar vuelo.

Durante la mañana, al menos medio centenar de funcionarios de seguridad, con ternos azules y corbatas rojas, otros con las chamarras con los colores patrios de Venezuela, circulaban por los pasillos del Regina. Se decía que Maduro iba a tener una bilateral reunión con Evo, pero no ocurrió.

Transcurría el almuerzo, y al menos dos ministros, todo el staff de Maduro, incluidos su fotógrafo y camarógrafo, esperaban en la puerta. Fueron minutos que pasaron muy lentamente. Rostros serios, ajetreo, y nada. Maduro no llegó.
Su seguridad se retiró y las autoridades dijeron: “Irá directo al coliseo de Quillacollo”. No hubo absolutamente ninguna respuesta oficial de lo que había ocurrido.

Los periodistas que buscaban una entrevista con Morales o con Maduro, escucharon que el presidente se había sentido “mareado”, pero fue solo un rumor.
Los nervios no acabaron ahí. Por el contrario, se trasladaron al coliseo de Quillacollo, donde fue evidente que al acto de clausura de la Conferencia Mundial sobre Cambio Climático y de Defensa de la Vida, el presidente Maduro llegó demorado