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Bolivia se presentó ante La Haya para pedir a los jueces de la Corte Internacional de Justicia que Chile “reconozca al fin” su obligación de negociar un acceso soberano al mar. El equipo, liderado por el agente Eduardo Rodríguez Veltzé, expuso durante tres horas las razones históricas y doctrinarias para que el país regrese a las costas del Pacífico como propietario, ya no como inquilino o invitado. Al final de la sesión, Evo Morales tendió la mano y propuso restablecer relaciones diplomáticas con Chile; mientras que el presidente mapochino, Sebastián Piñera, ratificó que para él no hay nada que negociar, en medio de un clima de división y recriminaciones en la política interna chilena. 

Todo comenzó unos minutos después de las 5:00, hora boliviana. En el Palacio de La Paz, el presidente del tribunal convocó a Eduardo Rodríguez Veltzé para que Bolivia comenzara sus alegatos orales y así se inició una serie de argumentaciones que comenzaron con un recuerdo de 2011: el intento de repudiar las negociaciones por parte del presidente Sebastián Piñera, un recién llegado a La Moneda en ese entonces y que acaba de asumir de nuevo el mando en Chile.

Rodríguez Veltzé le dijo a la Corte que esto no se trataba de abrir o poner en duda el Tratado de 1904 ni se le pediá al tribunal que definiera el resultado de una negociación, solo era el pedido boliviano a que Chile se siente a una mesa y discuta con Bolivia su acceso soberano al pacífico. En la palabra “soberano” se encierra la intención boliviana de no volver al mar como concesionario, sino como propietario. Les dijo que enclaustramiento es caro, que cuesta un 40% del PIB a los países sin costas y que a Bolivia le significa un 20% de PIB.

Ese dato fue puesto en duda por analistas chilenos que veían desde Santiago lo que sucedía en La Haya, pero fue Tuto Quiroga el que se encargó, más tarde, de corroborarlo. En una comunicación telefónica informó que el dato del 40% emanaba de un estudio de Jeffry Sachs, el ‘cheff’ estadounidense de las recetas neoliberales de los 80, con el economista chileno Felipe Larraín.

Rodríguez Veltzé fijó una imagen en la corte: Chile tiene una costa que podría tender un puente entre el Palacio de La Paz en Holanda, y la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. 

Eso cobró sentido luego, cuando el experto en derecho internacional iraní, Payam Akhavan, explicó que la solución al enclaustramiento boliviano demandaría una sesión costera por parte de Chile equivalente a solo el 0,2% de su litoral, apenas ocho kilómetros de línea costera y mar territorial.

Hablaba de la propuesta de corredor al norte de Arica esbozada del abrazo de Charaña, una de las veces que Chile creó expectativas en Bolivia de solucionar el diferendo marítimo y fue allí donde martillaron los dos primero juristas bolivianos. Akahavan, luego de enumerar las promesas trasandinas desde 1895 hasta la declaración de la OEA de 1979, comparó a la diplomacia chilena como un niño jugando en la playa, que construye castillos de arena solo para destruirlos luego.  

Ese hilo fue seguido por Monique Chemillier-Gendreau, experta francesa en derecho internacional, que recordó que la reivindicación marítima fue el centro de la política exterior boliviana desde 1879 y que solo se suspendió por la Guerra del Chaco. Añadió que hubo diplomáticos chilenos en los años 20 y 50 que argumentaron que el acceso soberano al mar no podía ser por los territorios que antes le pertenecían a Bolivia, que debía ser por los que antes eran de Perú, ya que los tratados internacionales son intangibles.

Es decir, la solución más práctica, ideada por Chile, es un corredor por el norte de Arica. Incluso hizo mención al tratado de paz de Chile y Perú, que indica que los mapochinos no podrán ceder el territorio conquistado a terceros, sin el beneplácito de los incaicos. Y allí, no hay otro tercero que no sea Bolivia. 

Los significados
Remiro Brotóns, especialista español en derecho internacional, dio un giro al rumbo de los alegatos y entró en la parte más doctrinaria de la argumentación. Les dijo a los jueces que la cuestión de este juicio es si las afirmaciones diplomáticas constituyen obligación jurídica o no. Utilizó incluso definiciones de la Real Academia de la Lengua para demostrar que las palabras tienen significados y cuando Chile dice “resolver” implica llegar a un acuerdo satisfactorio sobre la expectativa boliviana de una salida al mar. 

Alan Vaughan Lowe, inglés, consejero de la reina y parte del equipo jurídico peruano que derrotó a Chile en La Haya por las aguas territoriales, tomó el testigo de Brotóns en la argumentación y explicó que no se requiere que un Estado elabore propuestas detalladas de solución a un conflicto, que Bolivia entiende que comparte esa responsabilidad con Chile, pero que de ese mismo modo Chile no puede rechazar todas las propuestas de Bolivia y estar tranquilo al decir que no hay nada que resolver. Lowe cerró el primer día de alegatos bolivianos con una frase: “Bolivia alega que dar la espalda a  un problema, como hace Chile, no es una solución”.

Fuera del Palacio

Los chilenos, que cuentan con una frondosa delegación de medios, sacaron sus conclusiones a los pocos minutos de concluir los alegatos. El agente mapochino, Claudio Grossman, dijo que le sorprendió que los abogados bolivianos reiteraran alegatos que ya se encuentran en la memoria y en la dúplica. El canciller Roberto Ampuero aseguró que no hay nada que negociar y que los argumentos de los juristas que representan a Bolivia no se enmarcan en la ley.

Más intranquilo se mostró el presidente Piñera. Primero ratificó la tesis de que el Tratado de 1904 había resuelto todos los problemas pendientes entre ambos países. 

Pero ese no era el único problema al que se había enfrentado Piñera. Había organizado una sala  en La Moneda para seguir los alegatos, junto con otros políticos, pero no fueron algunos miembros de Concertación ni del Partido Comunista. Mientras los faltones de la Concertación aseguraron que no lo veían relevante para el resultado estar tres horas mirando la televisión con Piñera. Por el lado de los comunistas aseguraron que el presidente ni siquiera los había invitado. 

Evo Morales, por su parte, rodeado de sus aliados y enemigos políticos, dijo que era un caso sencillo y una causa justa. Invitó ahí mismo a Chile a restablecer relaciones diplomáticas y le extendió una “mano fraterna” para que juntos, como hermanos, resuelvan sus diferencias.

Hoy sigue Bolivia con el uso de la palabra. Se escuchará de nuevo  a Brotóns y a Akhavan, y entrará en acción Mathias Forteau, que ayer no intervino. 

A falta de diálogo, Evo Morales y Sebastián Piñera compiten a través de twitter
Ni bien terminaron los alegatos en La Haya, Evo Morales utilizó su cuenta en Twitter para atizar a los chilenos. “En el año 1825, cuando se fundó Bolivia, nacimos con Antofagasta, una invasión nos arrebató todo nuestro litoral, no se puede tergiversar la verdad. El Tratado de 1904 fue impuesto por las armas, pero no vinimos por este tratado, sino por los compromisos incumplidos”. Evo También había hecho referencia al fallo de 2014 que dirimió los diferendos de Perú y Chile. “La CIJ, en el fallo sobre controversia Perú y Chile, determinó que “al momento de su independencia, Perú y Chile, no eran estados vecinos, porque entre los dos países se encontraba Charcas”, y desde 1825 es Bolivia. Antofagasta fue, es y será territorio boliviano.

Esto fue respondido por Sebastián Piñera: “Una vez más se equivoca el presidente Morales, y además, contradice abiertamente la tesis de Bolivia en La Haya. De acuerdo al Tratado de 1904, Antofagasta ha sido, es y seguirá siendo chilena”, escribió.

No se quedó ahí. En la conferencia de prensa que dio desde La Moneda, Piñera no solo reiteró, molesto, lo que decía en su tuit.