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El equipo de arqueología de la Dirección de Culturas de la Gobernación, realizó estudios de los huesos humanos excavados en San Julián en 2014 y se determinó que datan de un periodo de más de 1.000 años de antigüedad.

De los seis individuos descubiertos, se identificaron dos. El primero es un individuo masculino, de unos 35 años, que fue enterrado en posición cúbito dorsal, con la mirada al sur oeste, una mano apoyada en el estómago y la otra en la espalda; los pies cruzados y acompañado de conchas trabajadas y cuentas de collar al lado derecho que, junto con un cántaro rodado de roca ortocuarcita de color rosado, formaron parte de un ajuar que acompañó el ritual fúnebre.

Los arqueólogos expresaron su asombro por la estatura del individuo, de 1,70 metros, y una musculatura excepcional.

Los entierros humanos pertenecen a una cultura desconocida, según el arqueólogo Luis Calizaya, que participa en el equipo investigador.

Estos restos forman parte de un cementerio localizado en un extremo de la isla artificial que fue protegida por un canal que lo rodea.

El equipo de arqueología, dirigido por el arqueólogo Danilo Drakic, hizo la limpieza de los huesos mediante procedimientos delicados y especializados. Los huesos frágiles fueron consolidados por medio de conglomerante reversible que proveía de firmeza a las estructuras esponjosas.