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El creciente deseo de los estadounidenses por conocer sus orígenes y raíces genéticas mediante el uso de test genéticos, impulsado en gran parte por artistas y famosos, abre la puerta a un gran espectro de sorpresas, tanto agradables como embarazosas.

“Algunos clientes quieren saber cosas sobre su salud, otros sobre su familia, otros sobre sus raíces ancestrales... Cada viaje por el ADN de alguien es único", explicó un portavoz de 23andMe, una de las mayores compañías del sector en EEUU, con una cartera de 5 millones de usuarios. La accesibilidad económica -el más barato cuesta $us 70- y la facilidad del propio método -introducir saliva en un tubo- han despertado las ganas de los estadounidenses por conocer los secretos que esconde su ADN.

Además, algunas caras conocidas, como los cantantes Demi Lovato y Residente, la "celebrity’ Kim Kardashian o la actriz Jessica Alba, entre otros, han explorado su linaje a través de este procedimiento en los últimos años, poniéndolo de moda al exponer sus resultados.

Por ejemplo, el rapero puertorriqueño Residente tras conocer sus orígenes por este moderno método visitó distintas regiones de Siberia, el Cáucaso, China, África Occidental, España, Inglaterra y Puerto Rico, destinos en los que compuso canciones usando instrumentos y ritmos típicos de las distintas zonas. Sin embargo, en otras ocasiones se descubren secretos que no son tan atractivos o agradables, como la jubilada Cheryl Whittle se llevó una sorpresa desagradable tras someterse a un test de 23andMe para estudiar en profundidad sus orígenes biológicos, las raíces de su persona, al conocer que el hombre que ella consideró siempre su padre no lo era biológicamente. “Nunca debí haberme hecho este test, me siento terriblemente culpable”, dijo Whittle.

Expertos en bioética han advertido que los consumidores no están muy informados sobre los riesgos potenciales de obtener y compartir su información genética.