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La Copa del Mundo ingresa a su recta final pero apartándose de lo que sucede por sus espectaculares estadios, DIEZ aprovechó el día ‘sin fútbol’ (es solo un decir) para hacer un recorrido por los lugares más concurridos por los aficionados a la hora del almuerzo. Esto fue lo más llamativo luego de levantar la mano, darle la orden al mesero y sorprendernos con los que ellos –amablemente-, trajeron a la mesa.

Está claro que el plato 1 para los rusos es el Borsh que lo consumen en cada parada. Es una sopa de remolacha con carne y con mucho repollo, aunque lo más llamativo es que la comen con una salsa que llaman ‘esmetana’ que es como un yogurt blanco, sin sal, que tiene como un queso derretido. Esa sopa la sirven en unos platos pequeños, caliente y es una buena opción para calentar el cuerpo en un clima que suele ser frío.

Es casi normal ver en los restaurantes camisetas de México, de Argentina, de Brasil, de Perú y obviamente de Rusia. “Lo que más me encantó fue el ‘pelmeni’”, dice Francisco, mexicano que luce su sombrero de charro que solo se saca a la hora de servirse. El plato es parecido a los ravioles ya que son como unas empanaditas con carne adentro que se comen tras hervirse. Viene acompañada con ensalada de pepino.

En la cocina, en el pleno preparado del pelmeni. Foto: Fuad Landívar (Moscú)

Esta ensalada, según explica Juliana, del restaurante  Fron Rusia with Love (De Rusia con Amor), es salada pero es una de las preferidas por los visitantes. Y como es de esperarse no puede faltar la esmetana que le termina dando el sabor que los mismos rusos califican como ‘infaltable’. Es normal que estos lugares de comida hayan televisores instalados para ver el Mundial o seguir los resúmenes de los partidos.

Pero los que no asisten con frecuencia a estos lugares dieron un dato llamativo: “¿Han probado el Riba?”, pregunta Cristhian, argentino que aún permanece en Rusia porque tiene un ticket de semifinales en Moscú. Explicó de qué se trata: “son unos pescaditos que los rusos lo comen cuando toman vodka o cerveza. Es muy salado”, dice. Estos pescaditos son vendidos en todos los supermercados y cuestan cerca de Bs 10.

El pan de distintos tamaños y sabores para acompañar. Foto: Fuad Landívar (Moscú)

En Bolivia serían como charques de pescados en cuyas escamas hay mucha sal pero que al momento de comerlos hay que sacarlas con un cuchillo. Para los rusos este es el alimento ideal para que evitar que el alcohol se te suba rápido a la cabeza. Los 100 rublos que valen permite que el ciudadano de a pie pueda acceder con comodidad. Son pescaditos que sacan de los ríos que atraviesan la principal ciudad de Rusia.

Este es el Riba, un pescadito que comen los rusos cuando están consumiendo vodka o cervezas. Foto: Fuad Landívar (Moscú)

Vale la pena destacar en el recorrido de DIEZ también incluyó una búsqueda por arroz, aunque recomendaron comer mejor el Grechka, que también se tuesta  y que es más rico en proteínas que el mismo arroz. Los rusos se jactan de su canasta familiar porque aunque parezca raro el kg de azúcar –al cambio en Bolivia- cuesta Bs 1,50, el arroz Bs 4 y la marraqueta de pan 1,20. ¡Una ganga para cualquiera! Es sí, la carne de ternera es lo más caro porque solo tres pedazos chicos llega a los Bs 40.

Acceder a la cocina costó, por los permisos que hubo para tramitar. Son unos artistas. Foto: Fuad Landívar (Moscú)

“En mucho de los productos todavía mantienen lo de la vivencia del comunismo”, dice Freddy Zurita, un boliviano que vive hace más de tres años en Moscú y que se ha aprendido mucha de sus costumbres. En la búsqueda por un plato parecido a uno de Bolivia, DIEZ se encontró con el Plob, “o el majadito ruso”, añadió Freddy. Se trata de un plato que tiene arroz, verdura, carne picada, aunque le hechan un pimiento que le da el sabor ruso. Su venta sobre todo se da en Kazán, el lugar donde Argentina quedó eliminada tras caer ante Francia. El paladar ruso es muy bueno y su sello es la esmetana que la comen en cada ensalada o en su plato preferido, el Borsh.

Para llamar la atención de los clientes, hay meseros que dan un concierto en las puertas de los restaurantes. Foto: Fuad Landívar