Opinión

La barbarie a flor de piel

El Deber 29/9/2018 04:00

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La barbarie se ha vuelto a apoderar de unos pobladores de Entre Ríos. Sin piedad, sin humanidad, sin compasión han linchado a dos personas. Las han condenado a la muerte de una forma salvaje: a golpes y quemándolos vivos, bajo el argumento de que intentaban vender un vehículo robado. ¿Quién les dio la atribución de ser jueces? ¿Cómo es que sindicaron y condenaron vulnerando la presunción de inocencia y el derecho a un juicio justo que corresponde a todos los ciudadanos? Se ha demostrado, una vez más, que hay poblaciones de Bolivia que se han convertido en tierra de nadie, donde no hay Estado y donde el salvajismo es la norma.

El relato de este linchamiento es sobrecogedor. Quemaron a un hombre enfrente de su hija de dos años y de su mujer. No hubo policías en el lugar, a pesar de que no es un pueblo distante y está a solo metros de una carretera troncal del país. Los uniformados no llegaron a tiempo, como ya ha ocurrido en otras ocasiones. Recordemos el 2013 en Ivirgarzama, cuando golpearon a seis personas y mataron a dos, con los mismos procedimientos.

Esta barbarie sorprende al mundo. En otras latitudes del planeta no pueden creer que la mal llamada ‘justicia por mano propia’ sea una práctica frecuente en Bolivia y menos aún que nadie sea juzgado ni condenado por asesinar a título de castigar un supuesto delito cometido. Una crónica sobre este asunto ya salió de las fronteras y hasta ganó premios internacionales, convirtiéndose en una denuncia pública e internacional. No obstante, nada conmueve y nada cambia en quienes deberían garantizar los derechos de todos los bolivianos.

Otro aspecto que inquieta de sobremanera es la ubicación de los hechos. Va un linchamiento más en la zona del trópico de Cochabamba, donde hay pocos policías y donde los pobladores se sienten con derecho a decidir sobre la vida de quienes transitan por el lugar. Es el mismo lugar donde la dirigencia nacional, en la impunidad, impidió el paso de una comisión internacional que intentaba entrar al Tipnis y donde otro grupo bloqueó, bajo amenaza, el ingreso de un periodista a esa área protegida.

Indudablemente que se trata de una problemática integral. La justicia está en su peor momento y la Policía no ha sido efectiva en muchas ocasiones; sin embargo, nada puede justificar que se imponga la pena de muerte y el salvajismo de los que se creen todopoderosos y que actúan bajo el manto de la impunidad. Quizás lo peor de todo es que las autoridades miran a un costado dejando que la barbarie sea norma en Bolivia.