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Se entiende por cultura ciudadana al “conjunto de costumbres, acciones y reglas mínimas compartidas que generan sentido de pertenencia, facilitan la convivencia urbana y conducen al respeto del patrimonio común y al reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos” (Mockus,1999). 

El grado de cumplimiento de un conjunto de normas de convivencia, expresadas en leyes o establecidas en el imaginario de una sociedad, muestra el nivel de cultura ciudadana, que se sustenta en los niveles de cohesión de las comunidades. 

Según el estudio de opinión sobre cultura ciudadana realizado por Captura Consulting y la Revolución Jigote (septiembre 2013) en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, los aspectos más valorados por los cruceños para vivir en una ciudad mejor son participar en todos los procesos electorales, estacionar correctamente, respetar los semáforos, reclamar por la iluminación pública, pagar los impuestos, ser amable con los demás, evitar tirar basura a la calle y compartir con los vecinos. Mientras, evitar comprar en las calles, quemar basura, mantener limpias y cuidadas las aceras, cuidar el mobiliario urbano, respetar el derecho al descanso de los vecinos y separar la basura en el hogar son los aspectos valorados por debajo de la media establecida, según los resultados de la encuesta.

Pero, por otra parte, cuando se consulta a los encuestados en qué medida cumplen con los factores valorados anteriormente y que hacen a la cultura ciudadana, tan solo el 36% manifiesta ponerlos siempre en práctica, ubicándose por encima de la media de cumplimiento: estacionar correctamente, evitar tirar basura a la calle, votar en los procesos electorales, evitar quemar la basura y respetar los semáforos. Y por otra parte, entre los hábitos menos practicados se ubican el informarse de los planes del municipio, separar la basura en el hogar, cuidar el mobiliario urbano, evitar comprar a vendedores ambulantes, reclamar por la iluminación pública de las calles y compartir con los vecinos, resultando entre ‘valoración’ y ‘práctica’ una brecha importante del orden del 30%.

Ponderando el nivel de importancia que la ciudadanía le asigna a cada uno de los aspectos con el nivel de práctica efectiva, se obtiene un Índice de cultura ciudadana del orden del 36%, vislumbrando que aún queda un camino largo por recorrer en materia de cultura ciudadana.

Al respecto la experiencia de Bogotá que, desde la década de los 90, experimentó un cambio radical reduciendo la tasa de homicidios de 80 a 22 por cada cien mil habitantes y disminuyendo un 20% las muertes vinculadas a accidentes de tránsito en una década, es altamente aleccionadora, enseñándonos que esto es posible si se combina la regulación personal, la regulación mutua y la regulación por ley, conectados a través de factores positivos y negativos, y desarrollando bajo este enfoque programas creativos  como los “mimos de tráfico” conocidos en nuestro medio como ‘cebras’ que, a través de la burla, enseñan a los peatones y conductores a seguir las normas de tránsito, o la denominada ‘Ley de la zanahoria’ o combinación de prohibiciones con incentivos, ‘noche de mujeres’, ‘reducción del consumo de agua’; programas que, entre otros, aportaron a la creación de cultura ciudadana.

Asumir este gran desafío de transformar la actitud de los ciudadanos cruceños hacia su ciudad requiere generar un sentido de pertenencia, proceso en el que experiencias similares recomiendan priorizar  la convivencia social por encima de cualquier interés particular, junto a   la educación y cultura como herramientas eficientes para contrarrestar la violencia y el abandono urbano, y para ello es urgente una gestión altamente descentralizada y participativa  empoderando a las subalcaldías como instancias articuladoras de la gestión local desde un enfoque multisectorial y sinérgico entre el conjunto de reparticiones municipales (desarrollo social, cultura, movilidad urbana, salud, seguridad ciudadana) con la diversidad de emprendimientos de la sociedad civil.