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En sus 46 años de vida Lorenza Hilario no había sentido la necesidad de recorrer los 14 kilómetros que separan a la ciudad de El Alto con la sede de Gobierno. Con limitaciones y largas jornadas de trabajo su vida estaba hecha en la urbe alteña. Sin embargo, el 14 de julio de 2016 la desgracia, como ella la llama, tocó a su puerta: su hija Juliana Condori Hilario, de 12 años, desapareció. Desde entonces hasta la fecha, ya con 48 años de edad, esta madre ha tenido que armarse de valor, vencer su miedo a lo desconocido y hacer más que ir a la ciudad de La Paz.

Recuerda que ese fatídico 14 de julio salió temprano a trabajar y que cuando retornó a su casa, a las 22:00, ya no encontró a su hija. Había desaparecido -según supo por las explicaciones de sus hijos- cuando hacía el recorrido de la casa de su hermano mayor a la suya, desde Juntuma hasta Atiride D. En ese tramo que es de unas cuatro cuadras ‘se la tragó la tierra’. 

Lo poco que pudo averiguar y preguntar a cuánto vecino se le cruzó en el camino y a quien le prestó atención en las trancas de control de El Alto hasta el Desaguadero, frontera de Bolivia con Perú, donde fue con sus hijos a pegar panfletos de la desaparición de ‘Yuli’, como la llama de cariño, es que: “Un hombre llevaba a una niña parecida a la de la fotografía. La niña iba llorando. En el puente Bolivia (de El Alto) la bajó de un vehículo y la subió a una vagoneta blanca en la que lo esperaban otros dos hombres. ‘Cállate, cállate. Ahorita vamos a llegar donde tu madre’, le habían dicho para hacerla callar”, relata Lorenza. 

En su búsqueda, según cuenta, llegó hasta el Ministerio Público de la ciudad de La Paz y logró la atención del Ministerio del Gobierno, pero pese a su esfuerzo la pequeña Juliana continúa desaparecida. 

Era su compañía
Hace cuatro años quedó viuda y Yuli era su compañía. Ahora de tanto llorarla está perdiendo de a poco la visión. 
A cada rato se pregunta si habrá comido, si estará sufriendo, si estará viva o muerta. Sin embargo, lo que le causa más dolor es pensar en que alguien esté comercializando el cuerpo de su pequeña.

En su viacrucis encontró a otros padres con quienes, además de sufrir la ausencia de sus hijos, juntan esfuerzos para buscarlos y se desplazan de un lugar a otro con la esperanza de encontrarlos.