Opinión

¡Pobre presidenta del Tribunal Supremo Electoral!

El Deber Hace 1/17/2019 8:00:00 AM

La presidenta del Tribunal Supremo Electoral se queja amargamente. Dice que la discriminan. Dice que su origen indígena y su sexo femenino son la razón de tanta crítica. Siente que solo por eso la insultan.

Hay que recordarle a la dolida presidenta cuánto se criticó a la famosa ‘banda de los cuatro’, que condujo hace un tiempo su tribunal. Ninguno era indio ni mujer, pero los criticamos por sucios, por inicuos. Estaban en ese cargo para ser árbitros exactos e imparciales, pero ellos robaron los resultados electorales y regalaron el triunfo a su jefe. Mintieron sin límite y sin vergüenza. Malversaron nuestra confianza. Delinquieron.

Con el mismo derecho, con la misma obligación, criticamos ahora a ella y a su tribunal. Debemos denunciar a todos los que mientan. Debemos gritar al mundo todos los fallos inaceptables y serviles que intenten robar su soberanía a nuestra patria. Haremos público cada engaño, cada mentira. A la presidenta y a sus jueces les diremos injustos y delincuentes cada vez que decidan contra la ley, cada vez que no hagan justicia. Debemos gritar cuando los vocales utilicen sus cargos para favorecer a sus jefes políticos. Debemos denunciar que se desoiga la decisión intocable de la máxima instancia de decisión nacional, que es el pueblo. Sean morenos o transparentes, sean azules o verdes, sean hombres o mujeres o ángeles, defenderemos la verdad, exigiremos honradez y llamaremos a los delitos por su nombre.

El tribunal que preside la dueña de los lamentos nos ha dado motivo sobrado para criticarlos. Son jueces encargados de velar por el cumplimiento de la Constitución Política del Estado y han jurado ser limpios. Sin embargo, sin pensarlo dos veces, han violado esa Constitución y la han aceptado en su lugar triquiñuelas legales que no engañan ni a los niños. Han prevaricado ¿Qué quiere? ¿Que le hagamos reverencias? ¿Por ser mujer vamos a esconder o disculpar sus delitos? ¿Por ser indígenas tienen derecho a la falsedad? Ni la cultura ni el sexo son permiso para matar. Ni la cultura ni el sexo hacen a un juez exento de la obligación de ser honesto, correcto, intachable.

Al contrario. Las mujeres y los indígenas que hoy ejercen cualquier responsabilidad están más obligados que cualquiera a demostrar que son capaces de cumplir y responder como el mejor. Tienen que dejar patente que son inteligentes, honrados, eficientes, responsables como el que más. Deben ser símbolo vivo de que no se los valora como corresponde, como se los debe valorar en justicia. El señor Barack Obama dejó a su país y al mundo boquiabiertos porque nadie se imaginaba que un negro pudiera ser más inteligente y más correcto que todos los blancos presidentes anteriores. Cumplió tan bien su tarea de abanderado de su pueblo, que cualquier negro que hoy quiera ser presidente de Estados Unidos juega con ventaja. En Bolivia nos ha ocurrido lo contrario. Altos jerarcas del Gobierno y de los primeros tribunales están dejando un lamentable precedente.

La quejumbrosa presidenta no tiene que quejarse. Tiene que cambiar el rumbo.