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Cuando la cola de la marcha que unió la catedral y la avenida Monseñor Rivero, ya había pasado la esquina de las calles 24 de Septiembre y Andrés Ibáñez, un grupo reducido de jóvenes dispuesto a provocar a cualquier costo un enfrentamiento con la Policía, dio inicio a una serie de choques que continuaban hasta el cierre de esta edición y que se extendieron hasta el Cristo.

Cuando el comandante policial, Rubén Suárez, había terminado de presentar a la prensa a una persona encontrada con una mochila llena de artículos listos para preparar bombas molotov (gasolina, botellas de vidrio, trapos y algodón), una turba de medio centenar de muchachos apareció en la esquina de la calle 24 de Septiembre y Andrés Ibáñez. y en medio de insultos comenzó a lanzar bolillas de cristal y  cohetes contra los uniformados.

Los agentes al principio solo se formaron para resistir la arremetida, pero la calma solo duro unos minutos porque la gente tenía la intención de llegar hasta las puertas del Tribunal Electoral Departamental, destrozado el miércoles por una turba similar. Cuando la paciencia se acabó, comenzaron a volar los gases lacrimógenos y la densa humareda cubrió ese cruce de calles, pero el viento se encargó de llevar el gas asfixiante hasta la avenida Monseñor Rivero.

Allí, sobre la calle Cañada Strongest (al frente del edificio del Comité pro Santa Cruz), los miles de manifestantes que no están de acuerdo con el fallo del Tribunal Constitucional que habilita a Evo Morales para postularse a la presidencia una vez más, al oler y sentir en la piel los efectos de los gases, se molestaron y fueron en apoyo de la turba que provocó el incendio en una noche lluviosa.

Los jefes al mando

El comandante Suárez y el segundo al mando, Alfonso Siles, organizaron el resguardo del TED a las más de una decena de arremetidas de los revoltosos, que soportaban los gases, corrían, se reagrupaban e intentaban llegar hasta las oficinas electorales por las calles Libertad y 24 de Septiembre. Cuando las cosas parecían más violentas, los agentes de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP) empezaron a poner a raya a los manifestantes, recorriendo una y otra vez las calles que rodean al TED con sus motocicletas.

La lluvia, que para las 22:00 se tornó intensa, sirvió como un  baldazo de agua fría sobre las cabezas de los movilizados, que intentaban infructuosamente llegar hasta su objetivo. 

El trabajo de Inteligencia policial permitió detener, hasta el momento en que EL DEBER estuvo en el lugar, a más de una decena de personas, la mayoría jóvenes vestidos con short, poleras, zapatillas de lona y gorras. Hubo algunos que resultaron heridos en la refriega y fueron evacuados en ambulancias. 

La Policía, luego de identificarlos y escuchar su declaración, los arrestó. Hoy algunos pueden ser pasados a la Fiscalía, los otros saldrán libres con el recuerdo de una batalla campal y de una noche tras las rejas.