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Ligia D’Andrea es una artista brasileña residente en el país desde hace más de 20 años, y que tiene una práctica íntima, influenciada por las corrientes neoconstructivistas de su país de origen, un cuerpo de obra abstracto y en especial dirigido al arte geométrico, que fue un movimiento muy presente en el siglo XX latinoamericano, pero que, de alguna forma, pasó desapercibido en Bolivia. D’Andrea estuvo durante un mes como invitada de la residencia de Kiosko, la galería situada en la calle Arenales # 315. Resultado de esta experiencia es la muestra Reducción/Expansión, que estará abierta hasta el viernes 22 de febrero. La propuesta presenta dos series de dibujos y pinturas abstractas con una clara relación con el arte óptico y que pretende construir estructuras volumétricas de colores que, si bien rememoran esquemas de estructuras genéticas, están más bien dirigidas a construir tensiones visuales entre la línea, el color y la representación, en este caso, del volumen. La artista brasileña (1948) vive y trabaja en La Paz. Explora en sus instalaciones, diseños y pinturas la materialidad y textura óptica del espacio.

_¿Qué representa para Ligia D’Andrea haber realizado la residencia de un mes en Kiosko Galería?
Ha sido una sorpresa muy grande en términos de condiciones para trabajar, desde la cooperación del grupo de trabajadores, hasta la dinámica y las condiciones en el espacio ofrecido para un artista. He podido comprobar cómo toda la administración cuida del artista, algo que es bastante raro, porque, generalmente, estamos abandonados y solitarios en esta labor. Entonces para mí ha sido muy interesante, ya que he logrado ser sido testigo de una transformación.

_Esa transformación se ve plasmada en Reducción/Expansión, la muestra que se expone actualmente. ¿Qué lo gró descubrir en el proceso?
He logrado descubrir muchas cosas interesantes. Por ejemplo, ver cómo ha surgido, tanto en las planchas de madera como en el papel, un trabajo gráfico que yo nunca había realizado. Especialmente en mis dibujos, me pareció que he logrado algo inédito, he podido transformar mis instalaciones, las cuales son tridimensionales en el espacio, en planos bidimensionales. Es decir, lograr que, a través del diseño y el dibujo, una nueva idea de lo que han sido mis instalaciones. Eso he logrado aquí y es sorprendente, porque no fue algo premeditado, sino que nació y poco a poco se fue concretando en estas obras, las cuales, sin embargo, tienen el mismo lenguaje de las instalaciones que he hecho hace 20 años. El tema del color, el gráfico y el espacio aborda un poco la cuestión de la óptica, lo cual implica cierta confusión con las líneas y con los espacios en dos dimensiones, eso nos da una idea de que la obra se puede ver adelante, atrás y a los costados. Entonces para mí, durante todo ese mes nació un camino nuevo en mi trabajo artístico. Eso es lo que cualquier artista quiere lograr.

_¿Cuál considera que es el principal beneficio de una residencia para un artista?
Poder trabajar con libertad e intensidad, solamente en lo que uno quiere hacer dentro de un taller. Normalmente, uno necesita de un taller como un laboratorio de creación y, por fortuna, así he logrado trabajar acá. Y ha quedado demostrado que esta clase de laboratorios, en los cuales se puede experimentar, pensar y ejecutar, se basan en aspectos inherentes a cualquier trabajo artístico, es decir, pensar en algo intuitivamente, elaborar y plasmar las ideas en condiciones idóneas, desde el espacio y los instrumentos de trabajo, hasta las personas que te colaboran.

_¿El tiempo es importante?
Claro, totalmente. Yo me quedaría dos o tres meses, sin duda (risas). Si me dejasen, me quedaría y si pudiera repetir, lo haría. Recomiendo a todos los artistas que aprovechen la oportunidad de realizar una residencia para profundizar en sus búsquedas y llegar hacia donde quieren estar. Porque no se trata solamente de hacer, sino de entender lo que estamos haciendo, para que eso rebote y puedas caminar con ese mismo proyecto hacia otros ámbitos.