Ahora que los líderes mundiales se reúnen en París para las negociaciones sobre el clima, los auspicios económicos y políticos son esperanzadores. Pero aún así, deberán superarse grandes obstáculos si se pretenden salvar las distancias entre los países ricos y los pobres.

Aquí te detallamos cinco motivos para alegrarnos o preocuparnos:

1.- Puede que los países no cedan lo necesario
El príncipe Carlos y más de 140 presidentes, primeros ministros y jefes de Estado realizaron declaraciones breves e insulsas el lunes sobre la necesidad de actuar, tras lo cual los negociadores y los políticos solo tienen unos cuantos días para llegar a un acuerdo diplomático.

Si tenemos en cuenta que han sido necesarios 20 años de negociaciones infructuosas para llegar a este punto, no es posible que en solo unos cuantos días se salven las grandes distancias entre los países. Por ello, el único modo de llegar a un acuerdo en París es que Naciones Unidas y Francia, como anfitriones, impongan un acuerdo "menos malo" a la mayoría. Todos los países estarán presionados para hacer concesiones, pero algunos no querrán que se les dicte lo que deben hacer.,

2.- Ya se ha fracasado
Las reducciones que 180 países han declarado que están dispuestos a realizar hasta 2030 solo lograrán mantener el aumento de temperaturas en 2,7 ºC, mientras que el mínimo absoluto necesario para evitar un calentamiento catastrófico a finales del siglo se estima que es de 2 ºC. Más de 100 países han planteado que quieren que la ONU establezca un objetivo global más ambicioso de 1,5 ºC, y para ellos, todo lo que no garantice este objetivo se considerará un fracaso de las negociaciones.

El transporte aéreo y marítimo posiblemente no se incluirán en el compromiso porque será demasiado difícil llegar a un acuerdo. Los países pobres quieren una garantía legal de que los ricos cumplirán lo prometido, pero los ricos solo quieren objetivos voluntarios. La brecha de realidad entre lo que quieren los países y lo que puede que consigan es sencillamente demasiado grande.

3.- ¿Quién soportará la carga más pesada?
Los países siguen divididos en cuestiones clave como la reducción de emisiones, las finanzas y la tecnología. Con tantas diferencias fundamentales, los políticos deberán realizar un esfuerzo heroico para llegar a cualquier tipo de acuerdo.

El obstáculo más importante podría ser si los países industrializados como Estados Unidos, Reino Unido y Japón, los que históricamente han contribuido más a la formación de las emisiones, deberían o no estar obligados a reducir más que los países en desarrollo. India, en nombre de muchos países pobres, expondrá que debe existir una “diferenciación” entre ricos y pobres; pero Estados Unidos quiere que los objetivos se apliquen a todos. El choque es inevitable.,

4.- ¿Dónde está el dinero?
Muchos de los ambiciosos planes para reducir las emisiones presentados a Naciones Unidas dependen de que se disponga de hasta 1 billón de dólares para invertir en energías, agricultura y silvicultura renovables. No se dispone de este dinero y dependerá de los flujos de nuevos mercados de carbono y otras fuentes de financiación inciertas.

Por otro lado, solo se han identificado 57.000 millones de dólares de los 100.000 millones que los países ricos prometieron “movilizar” para ayudar a los países pobres a adaptar sus economías a un mundo más caliente. Como los países en desarrollo han vivido una larga historia de promesas incumplidas, no van a aceptar imposiciones sin garantías financieras. Temen una doble contabilidad y el desvío de los flujos de ayuda, y aunque lucharán por el dinero, se enfrentarán a la férrea resistencia de los ricos, que están dispuestos a comprometerse a lo mínimo posible.,

5.- Queremos un acuerdo, pero no a cualquier precio
Existe una voluntad real de abordar el cambio climático, pero no a cualquier precio y muchos países ricos se engañan a sí mismos si creen que el cambio climático y la reducción de emisiones es una prioridad para todos. Estas conversaciones llevan ya años desarrollándose y sigue existiendo una desconfianza profunda sobre el modo en el que Estados Unidos y otros países han evitado tener que cambiar sus estilos de vida pero sí han obligado a los países pobres a que arrimen el hombro y soporten la carga de las reducciones.

Muchos países están resentidos por esta injusticia y quieren determinar sus propias rutas de desarrollo. Temen que los ricos no tengan que esforzarse mucho para reducir sus emisiones, pero que ellos tengan que ralentizar su crecimiento. Para ellos, la erradicación de la pobreza y el desarrollo económico siguen siendo los elementos más importantes de cualquier acuerdo, por lo que plantearán la garantía de la ayuda tecnológica y financiera como condición para que acepten algo.

Muchos países productores de petróleo, dirigidos por Arabia Saudí, también querrán un acuerdo poco audaz para que no se devalúen sus activos naturales. Algunos países latinoamericanos como Venezuela y Bolivia se resistirán en nombre de la justicia climática y abogarán por un acuerdo que obligue a los ricos a reducir más que los pobres.

Las negociaciones se llevan a cabo en bloques de países, es necesario un consenso y es fácil arruinar tácticamente las conversaciones o retrasarlas hasta un punto en el que no se pueda negociar un acuerdo sólido, dado el tiempo limitado del que se dispone.

*Este texto fue originalmente publicado en inglés en The Guardian y traducido para EL DEBER por Sara Fernández de Vox Europ