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Estamos atravesando un momento político contradictorio y a la vez paradójico debido a que el futuro de la democracia se dirime en un escenario de pugnas por su significado, por la normativa y sus “interpretaciones”, y por una elección primaria totalmente artificial, pues al interior de cada partido no hay competencia y mucho menos debate ideológico.

Esta situación es agravada por la decisión del TSE de ignorar los resultados de una consulta ciudadana administrada por él mismo hace menos de tres años y, sin mayores recaudos, proceder a la repostulación de las actuales autoridades contraviniendo con lo establecido en la CPE. Sin embargo, más que hablar de estas tensiones, me interesa cuestionar algunos aspectos de fondo relacionados con los protagonistas del proceso electoral que se avecina: los partidos políticos.

Hace pocos días se presentó un libro denominado Testimonio y Legado. El MIR Histórico en la recuperación y construcción de la democracia contemporánea (1964-1984). Se trata de un documento escrito por un grupo de militantes históricos de esa organización que hicieron un minucioso trabajo de recopilación de documentos inéditos, notas de prensa y varias entrevistas a quienes fueron, en su momento, actores protagónicos de la construcción política de este instrumento y la azarosa historia de sus primeros lustros de vida orgánica durante un episodio adverso. Es sin duda un documento importante para entender la manera en que una nueva iniciativa política alternativa lidió en ese momento histórico con el declive del Estado nacional popular de 1952 y con los gobiernos militares de turno, en particular con la cruenta dictadura de Banzer en la década de los 70. Pero no es un libro anclado en la letra muerta de la historia, sino que permite poner en la mesa de discusión los principales problemas que hoy inquietan a la democracia, su derrotero después de más de treinta años de historia, el sentido de la actividad político-partidaria y el vaciamiento ideológico actual, en contraste con estas mismas cuestiones planteadas de una manera totalmente distinta en la década de los 60 y 70.

La política en nuestro país se ha dirimido básicamente en el campo popular, la historia de los partidos políticos como instancias de mediación es muy débil, esto ha provocado que los sujetos principales de decisión política sean las organizaciones sociales, como los sindicatos mineros, campesinos, la COB, los estudiantes y en los últimos años los pueblos indígenas. La creación de los partidos de izquierda en los 60 y 70 estuvo marcada por la necesidad de dotarle de contenido a la lucha política, por el compromiso y los esfuerzos por responder a las necesidades sociales. Así, la suerte de muchos dirigentes, como relata el texto, fue el confinamiento, la cárcel o la muerte.

La identificación de un enemigo común, como la dictadura militar, facilitaba las tareas políticas de cohesión, generación de discurso y acción política. Hoy muchas frases y palabras habituales en aquella época, afortunadamente, han sido borradas del vocabulario político como casas de seguridad, confinamiento, persecución, nombres de guerra, clandestinidad, entre otras, desconocidas para las nuevas generaciones. A pesar de ello, esta historia no se debe olvidar porque la política no puede desvincularse de la defensa de la democracia ni de la recuperación de sentido.