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Cae. Y sigue cayendo. La vida de Fernando Arze ha sido como un abismo, por momentos frío y oscuro, y por ratos con algunas rendijas de luces que le mostraban la equis donde podía, recién, dejar de caer. Y es que los sobresaltos se impregnaron en sus emociones e hicieron y deshicieron con él. No desmayó. Ahora, prefirió seguir cayendo, pero en otro abismo.

NY, Río, La Paz...
Una academia neoyorquina lo formó en actuación y de pronto 10 años en esa ciudad estadounidense pasaron volando. Quiso renovar su visa, pero el destino se empeñó con que se quede en su tierra natal y no le permitió retornar a Nueva York.
Ese castillo que formó en NY se derrumbó de un rato para otro. Y, por momentos, esas gotas de sudor que derramó mientras limpiaba baños, paseaba perros o sonreía como mozo, parecían que no sirvieron para nada. Pero dieron sus frutos.
Arze filmó spots, prestó su voz para comerciales, actuó en un par de obras y fue miembro del grupo de teatro del Metropolitan Playhouse de Nueva York hasta 2003. Cuando había podido plegarse a la cúspide, cayó. Le negaron la renovación de su visa en Bolivia.
Respiró, dio vuelta la página y siguió en búsqueda de esa luz de la rendija. Su espíritu inquieto lo llevó al gigante sudamericano y tuvo que empezar de nuevo. Era 2004. Su talento lo introdujo en las filas de actores de la Red O Globo y de la Rede Récord de Brasil, y también le permitió dirigir obras en la calurosa Río de Janeiro. Cuando otra vez llegaba a la cima, el sentimiento más puro del ser humano lo jaló a la tierra y cayó.
El destino jamás estuvo de acuerdo con que Arze buscara el éxito fuera de las fronteras bolivianas y lo jaloneó de las orejas para que entienda que en su país estaba la luz que buscaba.

Amor y desamores
Tuvo un romance (al que llama “mágico e inolvidable”), pero otra vez cayó. Esta es la parte de su historia que cuenta muy poco, pero se atrevió a desvelarla.
Durante su matrimonio con la mujer que le mostró el amor, intentó “poner de su parte”, pero no funcionó. Está en pleno proceso de divorcio. No tuvo hijos. Ahora, a sus 43 años, anhela tener retoños y cree que nada está perdido. “El hombre tiene más tiempo para reproducirse”, bromea. Sin embargo, sigue soltero.

Ocupado vs preocupado

Fernando siempre está ocupadísimo. “Me mantengo ocupado, no preocupado”, aclara. ¿Y qué le preocupa? “Me preocupa que no salgan las cosas... que la gente no vaya a ver lo que uno hace”, responde.
Al actor de Todo blue tampoco le gusta perder el tiempo, porque cree que es un factor irrecuperable. Sufre de insomnio porque, afirma, su cerebro permanece prendido entre las 19:00 y 3:00. Ese es el momento de crear, crear y crear.

Proyectos en mano
No para. Para 2016 se dejará manejar por el director Ubaldo Nállar en Nueve y treinta de la noche y, por su parte, presentará Rec y el musical El hombre de la mancha. Le dará manija a Experiencia Pinter, que incluye dos obras del británico Harold Pinter, El amante y El cuidador;?también será el coguionista de una serie de TV boliviana.
Hoy se prepara para despedirse de Todo blue en el Centro de la Cultura Plurinacional Santa Cruz. Y así volverá a escalar