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Eran las 22:00. Rubén reposó la cabeza sobre su almohada y se durmió. Antes soñaba con ganar Calle 7, pero esa vez no soñó nada. Ya no hacía falta. Después de tres temporadas, estaba listo y “como la tercera es la vencida”, se alzó como triunfador, junto a Yenni, del reality show que ingresa a su quinto ciclo en Unitel.

“Siempre lucho para conseguir lo que quiero”, agrega. Y ello se vio reflejado durante toda la competencia. Rubén cree que fue “completo” y que su entrega, resistencia, concentración, seguridad y fuerza fueron sus grandes armas para llegar a la cima.

¿Modelaje? Sí, pero no así
La medalla azul descansa en su casa, pero eso no le alimenta el ego. Insiste en que no hay otro Rubén. Es el mismo. Jamás se le pasó por la mente aparecer en la TV porque era muy tímido. Ahora es más extrovertido y le gusta verse en la pantalla.

No descartaría ser presentador de un programa ni figurar como modelo. Probó de las dos mieles y le gustó. Eso sí, advierte que si bien le gusta el desfile y las sesiones de fotos, no mostraría más de lo que cree conveniente. “Jamás posaría en ropa interior; soy cristiano”, dice.
Cuando la adrenalina se apodera de él, no la piensa dos veces y se saca la camiseta para festejar. Sabe que es dueño de unos ojos verdes y de un cuerpo atlético que enloquecen a sus fanáticas. Y sabe que eso es la fama.

Es por eso que se cuida de las habladurías y le gusta estar tranquilo. No le molesta que lo saluden en la calle ni que le pidan una selfie o un autógrafo, pero señala que todo tiene su momento.

Cocinero y romántico

Si el modelaje o la TV es lo suyo, también es la cocina. Le encanta preparar pastas y estudiará gastronomía. “Algún día tendré mi propio restaurante”, piensa.

Por el momento se desenvolverá como entrenador personal y también se dedicará al crossfit y a la calistenia. Para ello seguirá entrenándose al menos cinco horas y manteniendo una alimentación balanceada con sus gustitos los fines de semana.

Rubén nació en España, pero el destino lo trajo a Sudamérica. Está feliz aquí. Tiene a su padre, a su familia, a sus amigos y a su novia, Luz A. Rojas, con la que lleva seis meses de relación.

Se declara romántico y lanza un guiño a sus fanáticas en las redes sociales. “Si quieren enamorarme, tienen que quererme”. A eso se le puede añadir que es un adicto a los perfumes y a los relojes. “Cualquiera de estos sería un buen regalo”, refuerza.

Va de frente
‘Ru’ dice que le gustaría ser nuevamente gladiador de Calle 7, porque le gustan los deportes. Desde pequeño juega al fútbol con la camiseta 9 y es apasionado por las competencias.

No está de acuerdo con los detractores de los realitys, niega que todo lo que se muestre ante las cámaras sea mentira o simplemente un show. “Calle 7 es educativo porque incentiva el deporte”, asevera.

Está de acuerdo con el marketing que se produjo a partir de “la locura por el programa” y no le parece nada malo que los chicos los vean como héroes (a los competidores) o que se vendan prendas con los colores del equipo rojo y amarillo en los mercados locales.

Ser cristiano evangélico tampoco lo pone contra de la pared, porque siempre se mantuvo al margen de la mentira y de la polémica. “Calle 7 no tiene competencia en la TV y es el programa más visto. Fui para aportar al show, sin mentiras ni falsedades, soy sincero”, insiste.
Muy pronto le entregarán sus Bs 50.000 y ya sabe qué hará con ese dinero. “Lo invertiré en mis estudios y buscaré la forma de multiplicarlo”, adelanta.

Amigo de ‘Ken’
Hace cuatro días habló con Kenny Teodovich (otro competidor apartado del programa y enviado a la cárcel por haber golpeado a una persona en la vía pública). Lo saludó y compartió con él en una kermés. “Él no es agresivo, es un buen ‘pelao’. Cualquiera, en su lugar, también hubiera reaccionado así. Solo que por ser famoso, se armó el escándalo. No merecía ser detenido”, indica.
Rubén seguirá con su vida normal. Escuchará a Eminem (su preferido), leerá la Biblia antes de dormir y continuará escribiendo su vida en un pequeño cuaderno