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Moncada es el nombre, la imagen clara y fuerte de un grupo de militantes que, hastiados de una dictadura, decidieron que lo mejor era revolver la sociedad a partir de la acción directa. Eran jóvenes que se lanzaron a una grandísima aventura. Asaltar un cuartel no era un juego de pillos y rondinos, era una entrega de, o patria, o muerte.

Fue Fidel y un grupo que organizaron mal, por supuesto, tal asalto. Sin embargo, se convirtió en el símbolo más grande y potente de la revolución cubana. Fidel, preso, fue llevado a juicio después de casi 60 días de estar incomunicado. Decidió asumir su defensa él mismo. La armó en la prisión. Y pasó a los anales como: “La historia me absolverá”.

Vale la pena leer en detalle la defensa de este joven revolucionario. Una muestra de un amor profundo por esa Cuba que vivía bajo un régimen dictatorial.

“Si he tenido que asumir mi propia defensa ante este tribunal se debe a dos motivos. Uno: porque prácticamente se me privó de ella por completo; otro: porque solo quien haya sido herido tan hondo, y haya visto tan desamparada la patria y envilecida la justicia, puede hablar en una ocasión como esta con palabras que sean sangre del corazón y entrañas de la verdad.”

 

“Es más, esta defensa demuestra que la justicia esta enferma, que los poderes independientes del Estado están subordinados a la dictadura y son incapaces de demostrar su independencia por temor o sumisión. Dos cosas resaltan a la vista. En primer lugar, la dictadura que oprime a la nación no es un poder constitucional, sino inconstitucional; se engendró contra la Constitución, por encima de la Constitución, violando la Constitución legítima de la República. Constitución legítima es aquella que emana directamente del pueblo soberano”.

Si Fidel acusó a la justicia cubana de estar enferma, en Bolivia podemos acusar a la justicia boliviana por estar borracha, quizá más, por ser una justicia que se deja no solo coimear, sino también se deja drogar. Se deja influenciar por las redes sociales, se deja convencer por políticos y se deja manipular por buenas o malas intenciones. Si la justicia se ha emborrachado es hora de ponerla sobria de una manera clara y directa.

No será que nos encuentren en el aeropuerto borrachos y desnudos otra vez, clamando que nos han dado droga o nos han adulterado el trago. Hay mecanismos, hay magistrados, hay abogados y muchos y que tienen la obligación de rectificar esta justicia ahora borracha y cuidado que los borrachos no son simpáticos, son potenciales criminales.

A leer o releer, la historia me absolverá.