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Con este asunto de los traslados de los mercados y con la esperanza de que el Gobierno Autónomo Municipal, gane la batalla contra los choferes, micreros, gremialistas y aprovechadores que se instalan en las áreas públicas, áreas verdes y hasta en reservas ecológicas, lo mínimo que debemos hacer es apoyar las medidas que benefician a todos los habitantes de este campanario.

Por otra parte, está el comportamiento de nosotros los ciudadanos que no somos ni comerciantes ni gremialistas, ni choferes ni vende panchitos y ni destructores de la ciudad. Nosotros, que acudimos a nuestros trabajos, que llevamos a nuestros hijos a la escuela, las amas de casa que se aprovisionan en los mercados y los que por algún motivo salen de sus casas a desarrollar alguna actividad. Y vamos a referirnos particularmente a esos ciudadanos que no practican el concepto de urbanidad. Aquellos que no respetan a los mayores, que botan basura de los micros, que ensucian la ciudad, que cruzan los semáforos en rojo, los que pese a la advertencia y a las millonarias campañas municipales de no girar a la izquierda lo hacen. Los que pese a que el cartel dice ‘No estacionar’, lo hacen, los dueños de la calle que se apropian de las aceras con irrespetuosos conos y que lo hacen porque les da la gana, por salvajes y porque les valen las normas y el buen convivir.

Según la Real Academia de la Lengua Española, la urbanidad es: “Cortesanía, comedimiento, atención y buen modo”. Este diccionario resume en cuatro términos lo que nos lleva a tener una mejor convivencia con los demás. Del latín urbanitas (urbanitatis), la urbanidad identifica pautas de conducta que se deben cumplir para lograr una mejor relación con quienes nos relacionamos.

Recordar la palabra urbanidad tiene relevancia suprema. Las sociedades tienen normas de comportamiento, escritas y no escritas; pero como no las respetamos hoy somos una sociedad de individuos que agreden las leyes, a las personas y al buen convivir, lo que se maximiza por esa actitud arrogante, soberbia y hasta perversa que exterioriza los peores modales y genera caos y violencia.

No es suficiente saber que hay normas, hay que ponerlas en práctica. En cualquier situación se puede ser cortés. No hay que desaprovechar ninguna ocasión porque así se puede poner en práctica lo que nos han enseñado y a su vez dar un estupendo ejemplo a los que nos ven. Gozar de un buen ‘tacto social’ nos puede ayudar en multitud de situaciones. Desenvolverse en los distintos ámbitos sociales debería ser una de las mejores asignaturas de nuestra enseñanza.

Puedes ser el que más conocimientos tengas en tu profesión, pero sin una buena dosis de urbanidad, ser a la vez la persona menos querida de tu entorno. Saber agradar, comportarse de modo correcto siempre, puede hacernos ganar la simpatía del entorno; ese cariño se refleja en la actitud de las personas que nos rodean y se extraña cuando falta.

¿Qué es urbanidad? Es saber convivir, saber agradar y saber estar, aderezado con un toque de estilo. Hoy en día la sociedad ha cambiado y en esa transformación ha perdido ciertas costumbres y ciertos modales que ayudaban a mantener la armonía entre la gente; hasta el momento nadie se ha preocupado por recuperar estos modales como el simple hecho de decir gracias, de decir buenas tardes o buenas noches, hasta preguntarle al otro ¿cómo está? Eso no puede seguir así porque si no ¿adónde vamos a parar? Es necesario cultivar la urbanidad y los valores éticos en todos, especialmente en los niños y en los jóvenes que serán los futuros constructores de una mejor sociedad en la cual todos debemos ser valorados como personas íntegras; así llegaremos a conseguir el respeto que es la base, porque los buenos modales y actitudes son el principio para construir paz y valores de igualdad, con derechos y deberes de cumplimiento para todos.

Los buenos modales nos abren las puertas hacia el futuro, así podremos lograr la sociedad ideal, hecha para hacer el bien a toda la comunidad y para garantizar la formación del hombre educado, culto, sencillo y más sensible a sus semejantes. Santa Cruz de la Sierra, nuestra casa grande, hoy alberga a dos millones de seres vivos que no quieren practicar las mínimas reglas de la urbanidad y no va a ser metiéndolos presos o cobrándoles multas que vamos a superar este entuerto, este pueblo necesita mejorar su relacionamiento y todos debemos contribuir.